En el punto de Mila

"No me ha gustado el despliegue corporal que ha hecho Marta Sánchez para hacer visible una enfermedad que amputa a las mujeres"

Mila Ximénez
Marta Sánchez

19 de octubre de 2016, 07:00

Detesto los envoltorios de mensajes que, me parece, vienen con trampa. Todos estamos dispuestos a colaborar en la lucha contra el cáncer. He vivido dos en mi familia este año y tengo amigas que viven con fechas de caducidad y caminan con ello sin aspavientos. Sé que a la enfermedad hay que que mirarla con esperanza y con una sonrisa que la debilite. Pero nada que ver con posar con pechos turgentes en una portada reclamando atención para la causa. Siento admiración y cariño por Marta Sánchez, pero no me ha gustado en absoluto el despliegue corporal que ha hecho para hacer visible una enfermedad que amputa a las mujeres aquello que ella muestra con orgullo y, por qué no decirlo, con una frivolidad que no he entendido. No sé, tal vez estoy demasiado sensible, pero me agreden los anuncios sin alma. Y mezclar la desnudez y los diamantes con una enfermedad que nos deja huellas imborrables… Quiero pensar que Marta se dejó engañar al hacer esto. O a lo peor, no. Ahí lo dejo.

El culebrón de 'Los Mohedano'

Nos visitó el viernes en el ‘Deluxe’ Amador Mohedano. Es extraño lo que me sucede con él: en las distancias cortas me convence. Habló de todo y de todos, sin perder la calma y con dureza. Y tengo que reconocer el mérito de Jorge Javier: tiene la habilidad de manejar la batuta de las entrevistas como nadie. Cada día soy más fan suya. Sabe llevarte a pasear por las emociones como nadie. Amador se sentía arropado y no paró de largar lindezas contra su sobrina. Me sorprendió la falta de interés que tenía por hablar de Rosa. Ahora sí creo que la ha sacado de su vida definitivamente. Parece que ha encontrado un punto de equilibrio en la relación con ella.
Amador dibujó unos trazos de Rocío Carrasco desde la distancia emocional. Ni siquiera la imagen de una Jurado que pedía la unidad de su gente hizo que le temblara la voz y siguió culpando de todo a la que él llama ‘la Carrasco’. Sin duda, la herencia de Rocío ha sido un regalo envenenado. Quién se lo iba a decir cuando redactó un testamento que, estoy segura, hizo para que todos disfrutaran de un buen retiro. No pudo imaginar que firmaba la sentencia de muerte de la unión familiar. En esta historia los buenos y los malos se desdibujan, pero hay dos protagonistas que reciben un trato diferente. Fidel se lleva las collejas de los Mohedano por, según ellos, alejar a Rocío del clan y tener intereses ilegítimos, pero se reúnen ante el silbato de José Antonio, marido de Gloria, que para mí ha sido la mano que mece la cuna de los conflictos económicos. Poca solución tiene el culebrón Mohedano Carrasco. La pasta ha asfixiado todo el cariño que se tuvieron algún día… si es que se lo tuvieron. Tengo mis dudas.

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