En el punto de Mila

"Me consta que María Jesús Ruiz no es tan inocente como nos hace creer"

Mila Ximénez
María José Ruiz

15 de febrero de 2017, 10:38

Parece que Sevilla y yo tenemos una relación difícil. Adoro mi ciudad, pero siempre me ha llamado al toque de corneta desangrada.

Esta vez iba por un acontecimiento feliz: el bautizo de Sofía, la hija de mi amiga Alejandra. Me las prometía feliz paseando con mis amigos por el centro, pero no ha podido ser. La lluvia nos ha adoptado como una madrastra maquiavélica. Así que al garete todos mis planes. Aun así, he hecho lo que he podido para no cabrearme. Un estado de ánimo que se está presentando cada vez con más asiduidad en mi día a día.

Pero esta vez ignoré su grito como a los chaparrones que nos empapaban en nuestras rutas callejeras. He dormido poco y mal. Así que he bailado con los protagonistas de mi programa del viernes.

EL TUFO DE LOS LAMBORGHINI

He recordado con asqueo la defensa de la amiga de Elettra. Tenía el aspecto de una provinciana enarbolando la bandera de un apellido como único pase para acceder a una vida que tiene las barreras cerradas para ella.

Hablaba de Porto Cervo como si fuera su finca estival. Y yo la imaginaba dando vueltas por La Marina, buscando una mesa de conocidos donde acoplarse. Este perfil de gorrón y gorrona era muy frecuente en Marbella, así que los huelo como perro entrenado. Y me llega cierto tufo también que estos Lamborghini están tiesos como la mojama.

UNA TERNURA EXTRAÑA

Prefiero a María Jesús Ruiz. Está consiguiendo sacar lo mejor de mí. Y eso me gusta. Me produce una ternura extraña. Me consta que no es tan inocente como quiere hacernos creer, pero me fascina ver la valentía de enfrentarse a un discurso infantil y sin retirar la mirada de sus fiscales.

No sé si la leyenda que arrastra tiene mucho de realidad o de ficción. Pero también es cierto que se merece la presunción de inocencia y la reinserción a una nueva vida que parece placentera por primera vez.

Le salvan sus maneras de niña castigada al rincón de los malos. Y yo, la miro y veo algo que me acerca a la justicia.

Se habla de prostitución, pero salen pocos nombres. Algunas están señaladas y otras cobijadas, bajo el manto de un marido/amante que las aparta de la jauría mediática.

María Jesús se ha equivocado, o al menos eso confiesa ella. Pero lejos de quedarse en el fracaso, sigue buscando puertos donde atracar. Tiene un largo recorrido para el descanso. Solo espero que sepa recorrer la ruta agrietada de Gil Silgado con paso firme.

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