En el punto de Mila

María Patiño y Jorge Javier están muy por encima de enfados puntuales

María Patiño Jorge Javier Vázquez Mila Ximénez
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16 de mayo de 2018, 07:00 | Actualizado a

Me he venido a pasar unos días con los niños y recibo una llamada de Jorge. “Me voy a hacer un poli”, dice. Me comenta algunas preguntas y pienso... ¡Se va a liar! Me meto en la web para ver el programa y me encuentro con María Patiño desolada por una bronca con Jorge. No me gusta. Les quiero a los dos, pero en este caso veo la debilidad y la tristeza de María y me desconsuela la situación. Al principio no tenía buena relación con ella y Jorge hizo lo imposible para que nos diéramos una oportunidad. Y funcionó. La he conocido bien y es imposible no quererla.

Las virtudes de María Patiño

María tiene algunos defectos y millones de virtudes. Es leal como nadie y eso le hace balancearse en su sentido de la responsabilidad con su trabajo. La relación de Gustavo con María esta abriendo brechas profundas e intuyo que no tendrá un final feliz. Lapiedra está consiguiendo sus objetivos y él se está alejando de los suyos, que son ajenos a ella. Pero prefiero volver a Patiño y Jorge. Apuesto más por ellos. Se conocen hace tiempo y me consta el cariño que se tienen. Así que a pesar de las sonrisas de los que provocan el “divide y vencerás”, su relación está por encima de conflictos puntuales. No pude evitar fijarme en el disfrute de La Pasqualina, que observaba otro nuevo triunfo sin descolocar su cara de ursulina impuesta. Vi a una Belén preocupada con la delicada situación. A una Gema revuelta y una ausencia total de empatía en el resto. Gustavo salvaba de nuevo a su princesa de las garras de las brujas bajo el mutismo de una Lydia Lozano que jamás mancha sus zapatos de barro.

Hoy tengo un pequeño bajón por las lágrimas de María. Y estoy convencida de que Jorge no las disfruta tampoco. En fin. Termino mi blog antes de volver y me pregunto si estoy lista para los encuentros. Definitivamente, para la mayoría sí. El resto será saludado con cortesía sin perder la lejanía. Los mejores abrazos se dan desde el desinterés. Y mis intereses son cada vez más reducidos.

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