En el punto de Mila

"Llevo mucho tiempo en este negocio, y todavía me salen llagas en la lengua"

Belén Esteban Mila Ximénez
Mila Ximénez

Más Sobre...

Televisión Polémicas de famosos Telecinco

13 de septiembre de 2017, 07:54

Suenan las campanas de vuelta a la normalidad. Y yo las oigo acurrucada en el tedio que me produce volver a servir en la mesa de los indigentes del famoseo de todo a cien que, cuando no les salen las cuentas, piden respeto a su intimidad para que se puedan meter en alguna publicación que les alivie los gastos del postureo. Llevo mucho tiempo en este negocio, y todavía me salen llagas en la lengua. ¡En la mía, que tiene fama de viperina! Pero es que aún me siguen sorprendiendo las/los tahúres de la moral, que cada mes pagan sus facturas pegando patadas a puertas ajenas. Y yo estoy en este círculo, pero lo tengo asumido.


Las palabras hacen daño


Otros se dejan la mochila de sus miserias en esquinas de quejas ajenas, olvidando sus propias basuras limpiándose en pañuelos ajenos. A veces me dan ganas de salir corriendo y despegarme de esta mugre. Todos los que participamos en esto lo hacemos con el conocimiento de que hay cosas que nos puedan alertar la conciencia. Pero solo hay dos opciones. O te quedas y lo asumes, o te cuelgas en la noria de la hipocresía y el babeo de requisar tu nómina lamiendo la basura de tu vasallaje. Yo me quedo con lo primero. Lo segundo es disimular el vómito con protestas cargadas de incongruencias. Me gusta la gente que alza la voz. Y desprecio a los que tienen un tono templado, cargados de miedo y hambrientos de aplausos de las redes sociales.

Como he dicho al principio, llevo mucho tiempo en esto. Pero creo que he conseguido soltar las amarras que me condenaban al reconocimiento del batallón de fusilamiento de los próceres de la moralidad. Una vez, mi nieto me dijo algo que me hizo pensar. Presenció un enfado con una funcionaria que me hizo perder tres horas para tramitar un pasaporte. Obviamente, me reconoció y seguro que no era de su agrado. Así que me lo puso muy difícil. Me acerqué a ella y le dije algo al oído. Nada bonito. Por supuesto, nos echó de la comisaría. Alexander me preguntó qué había pasado, y yo le respondí que le había dicho palabras inadecuadas. Él me miro y me dijo: "Abuela, las palabras hacen daño". Yo lo miré y me di cuenta de que, afortunadamente, ellos no estaban contaminados del entorno donde me muevo.

¿Hay alguien más? Sí. Me dan ganas de salir corriendo y dejar de oler ciertos contenedores que se alivian con perfumes de valedores de integridad comprada en mercadillos. Claro que el testimonio de Belén tenía debate. Pero cuál ha sido mi sorpresa cuando he oído las críticas más feroces en boca de quienes se han alimentado durante años de triturar almas ajenas.

Noticias relacionadas

Te puede interesar...

Más Sobre...

Loading...