En el punto de Mila

Llevo luchando demasiados años para demostrar no sé qué

Mila Ximénez
Mila Ximénez

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Televisión Sálvame Telecinco

4 de octubre de 2017, 07:00

La conjura de los necios/as tiene tentáculos alargados. Cuando persigues un sueño, y este se cumple en forma de popularidad, tienes que estar alerta a los movimientos de los buitres que esperan aleteando para devorar tus entrañas cuando caigas. Y ahí, tienes que intentar ser más rápido en el vuelo de huida. He sido una boxeadora sin más títulos que salir con cierta dignidad de un ring, después de haber sido vapuleada en muchos combates. Allí aprendí que el éxito esté más cerca del aguante que del apoyo de los aplausos vacíos. No me puedo quejar de mi vida. Solo me quejo de haberme quedado con las muletas sorteadas en un entorno que me avisaba de mi incapacidad para recorrer el camino de gente que sofocaba su moral en tiendas de marca.

Quiero disfrutar del presente

La desnudez emocional... la viví, la sufrí y me engulló un tiempo que ahora valoro demasiado largo. Estoy cansada. Y me gustaría huir a cualquier sitio donde el silencio y el ladrido de los perros que me están esperando, sea el ínico sonido que disfrute cada día. Y creo que lo merezco ya. Llevo luchando demasiados años para demostrar no sé qué. Ahora, me gustaría que mi hoja de ruta sea disfrutar del presente para aliviar las ausencias del pasado. He tenido mucha suerte me recogieran del contenedor del olvido y me regalaran muchos años trabajando con un equipo que estaba muy lejos de soñar. Y lo he disfrutado mucho. Aun así, los años me están pidiendo complicidad. Y me queda poco para sumarme al cortejo de vuelta. He dado y me han dado mucho. Pero mi reloj biológico me está llamando la atención. No quiero ser un gnomo ridículo taconeando en los photocall para llamar la atención del olvido. Ni morderme la lengua ante los falsos discursos sobre la moralidad, en boca de los patriarcas de la corrupción continuada y exenta de penalización. A saber como lo hacen. Lo cierto es que no tengo la más mínima curiosidad. No sé sortear la ilegalidad ni el engaño. Crecí en un entorno donde la palabra y el compromiso era un sello indeleble. Decididamente, los domingos no son un buen día para escribir. Y menos viendo las imágenes de una España dividida que nos retrotrae a tiempos de guerra. Ya ven, esta semana ningún personaje ha consegui- do sacudirme la tristeza y el tedio. Y las imágenes de los enfrentamientos en Catalunya no han ayudado mucho. Sí. Dan ganas de salir corriendo.

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