En el punto de Mila

"Kiko Hernández volverá siendo alguien mucho mejor del que se fue"

Mila Ximénez
Kiko Hernández

9 de noviembre de 2016, 07:00

Una semana cargada de cobras virales. Y de triunfitos que se revuelven ante una presunta explotación de sus talentos. Chenoa sale a tomar su café diario en el barrio de siempre, respondiendo a preguntas sobre un desamor continuado. Bisbal trota por encima del costumbrismo callejero, y posa con su chica volando por encima del pasado. Raquel Mosquera ha encontrado su fondo de pensiones contándonos las historias de una vida que encerró en un cajón hace tiempo y ha aceptado el pago de la llave que los abra, desnudando una piel ajada por el desorden emocional.

La incombustible Belén

Toño Sanchís deambula perdido por las calles, de la mano de representados en paro, buscando el salario mínimo de sus miserias. Pantoja vuelve a la escena pública con una portada de disco vestida de blanco, intentando que nos alejemos de la negritud de su paso por prisión. Rafa Mora llora la muerte de su abuelo, y se aleja de la piel de Raquel Bollo con síndrome de contagio de psoriasis. Siento muchísimo cariño por Rafa Mora, y agradecimiento por cómo me cuidó cuando estaba desprotegida en ‘Supervivientes’. Nunca lo olvidaré.

Y nuestra incombustible Belén Esteban vuelve a sus ‘belenazos’. Hoy, de nuevo, es portada y repasa de nuevo por sus recuerdos, vestida de paseo. Ya no le duele lo que antes le arañaba las entrañas. Ahora relata su descabalgamiento por Ambiciones con una mirada al frente, sin detenerse demasiado en las miserias que le servían en la mesa familiar.

Kiko va a ser padre

Pero me voy a quedar con la confesión de felicidad de un amigo, que no solo amo. Mi admiración por él tiene un tiempo largo de recorrido por la fidelidad y el talento. Kiko Hernández, por primera vez, le hace un selfie al miedo. Se toca el alma y escupe ese pánico alimentado durante años, que le obligaba a permanecer en la sombra de los presos. Ha abierto puertas al sol y se ha tumbado con los ojos cerrados sin vigilancia a nada más que no sea mirar a un futuro lleno de risas y olor a lavanda recién cortada. Le miro, y me veo cargándome en la batería inagotable de la inocencia de mis nietos. No puedo dejar de sonreír pensando que todo lo que Kiko va a vivir con Abril y Jimena –las hijas que tiene en camino– le va a convertir en alguien que cada día buscará huevos de Pascua. Han pasado muchas cosas esta semana, es cierto. Te quiero, amigo. Y no voy a decirte que te voy a echar de menos cuando te vayas, que así será, porque sé que volverás siendo alguien mucho mejor del que se fue. Eso sí, hazlo lo antes que puedas.

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