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"Kiko no era feliz en ‘Sálvame’. Yo, últimamente, tampoco"

Mila Ximénez
Mila Ximénez

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11 de octubre de 2017, 07:00

Me he venido a casa a traer a Lulú, la nueva perrita de mis nietos. Cuando aterrizo en Amsterdam siento que estoy a salvo y me aíslo de cualquier información que venga de mi entorno de trabajo. Así que, aún sabiendo que Kiko Matamoros estuvo en el ‘Deluxe’, estoy escribiendo con muy poca información, o ninguna, de lo que ha sucedido. Por mensajes, eso sí, me dicen que la ida es definitiva.

SIENTO RESPETO POR KIKO

A pesar de mi explosión del último día, donde dije que me alegraba, no ha sido así del todo. Son las 9 de la mañana del domingo, estoy tomándome un café mientras escribo el blog, y estoy mirando a Alexander como juega con su perra. No puede ser más feliz. En momentos como este, me pregunto hasta qué punto lo soy yo. Y la respuesta cada vez es más débil. Sé que Kiko no lo era haciendo el programa. Lo cierto es que, últimamente, yo tampoco. Tal vez, él eligió la decisión adecuada. El tiempo lo dirá y espero que el dictamen final sea a su favor. De todas formas, las idas no deben ser un desalojo airado, ni un desahucio en medio de una tormenta. Espero que haya sido meditada desde la lejanía de la furia. Yo mañana, vuelta al trabajo. No será un día fácil, estoy segura. Las emociones negativas me cansan mucho más que el paso del tiempo. Y llevo tiempo lidiando con ambas cosas.

Kiko Matamoros

Me saltan alertas en mi móvil con mi cara convulsionada y titulares como: “Kiko responde a Mila y no se corta un pelo”. ¿Solo me responde a mí? Sí. Suele pasar. Estoy segura de que le habrán puesto lo peor para producir crispación. Pero voy a seguir intentando no ver más allá de los titulares y seguir revolcándome con los niños y Lulú por la alfombra, viendo como mi nieto ejerce de entrenador y cuidador para que Victoria pueda jugar con ella sin que corra peligro. Me refiero a Lulú, claro. Estoy exhausta de tiempos de cólera. De repeler cada bala que se cruza en el plató. De ser tan visible en la ira y tan invisible en la serenidad que intento practicar cada vez más. Y cada vez más... se pierde en el desenfreno diario. En fin, todo apunta a que la despedida de Kiko tiene tintes de ser definitiva. Un término que detesto y que intento evitar, así que, solo me queda desde aquí desearle lo mejor. Él sabe que es verdad. Y en mi despedida quiero decirle que es cierto que el cariño mermó, aunque un poco menos que el respeto. En estos momentos, siento que lo segundo lo he recuperado más. Es de valientes dar la cara a la vida, y apearse de cualquier tren que te lleve a estaciones de infelicidad.


Ojalá la encuentre en algún camino que tenía fuera de su hoja de ruta por el cansancio emocional de estos años. De nuevo, ¡suerte, amigo! Desde la más absoluta franqueza.

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