En el punto de Mila

Francisco Rivera no está en su mejor momento ni físico ni mediático

Francisco Rivera Mila Ximénez
Francisco Rivera en 'Espejo Público'

18 de enero de 2017, 07:00

Resulta que el personaje que más aspavientos hace ante una prensa crítica con él, y que escupe continuamente sobre la exposición mediática, ha fichado por una cadena para tener presencia en pantalla. Pregunto de qué va a hablar, y nadie me aclara. Así que pienso: “¡¡¡Uff!!! El chico sigue esas huellas que tanto detestaba de su madre”. Al final, como diría nuestra Alba Carrillo, aunque al revés: “El que nace lechón, muere cochino”.

Lleno de ambigüedades

Francisco Rivera no está en su mejor momento ni físico ni mediático. Así que parece que el chico se ha puesto a currar en eso de la televisión para atraer de nuevo las polillas del foco, que estoy segura que echa en falta para seguir facturando en los photocalls.
Siempre me ha parecido un personaje soso y lleno de ambigüedades. Me pega que tenga una vida aburrida de señorito desusado, y mire por la mirilla de la fama como un voyeur.
Dice detestar la prensa rosa. Pero, cuando le extienden un talón, abre las puertas de su intimidad de par en par, sin pudor ni quejas. Públicamente, camina de la mano de una vida perfecta. Pero tengo la sensación de que prefiere los torbellinos que le llevan a bucles de peligro. Solo hay que verlo vestido de rapero con su hermano Kiko. Claro ejemplo de una vulgaridad que él intenta soslayar en su entorno, pero que le roza la piel. Y le pone.

Como él manda

Tiene un sonido de voz monocromático, y una sonrisa que dibuja el hastío. Lamería el canto de Machado si lo conociera. Cosa que dudo. Porque su historia son recuerdos de patios de Sevilla donde jugaba a la clandestinidad amorosa. Y eso le hacía atractivo.
Ahora se viste de verde caza y paseará por el campo con el bastón de los caudillos envejecidos por el tedio. Se ha casado con una mujer correcta que mantiene una actitud sumisa. Como Dios y él mandan.

Travestismo emocional

Conocí a Carmen Ordóñez, su madre, y puedo jurar que adoraba a sus hijos. Pero sufrió la crítica continuada de Francisco por dedicarse al mundo televisivo.
Ahora me permito, en honor a su memoria, quitarle la careta a este saltimbanqui.
Me pregunto ahora si sus quejas no iban vestidas de travestismo emocional.
Carmen Ordóñez ha muerto. ¡Viva el rey Francisco!

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