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"Es imposible no sentir empatía por Campanario"

Jesulín de Ubrique Mila Ximénez María José Campanario
María José Campanario

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Toreros Famosos en el hospital

16 de agosto de 2017, 07:00

La situación de Campanario parece que está a medio camino entre la tragedia y el desorden y ya no solo por el cuadro clínico que nos filtran por distintas fuentes, sino por el comportamiento de un entorno que está desdibujando la realidad con trazos de brocha gorda.

De Jesús cuentan que sufre y calla, incluso con parte de su familia, el calvario que está viviendo. Y que, parece ser, no es una travesía corta.

El resto mantiene la actitud de jugar al escondite ante los medios. Pero, eso sí, a oscuras, algunos narran con todo lujo de detalles sus vivencias y preocupaciones vía colaboradores de programas con posibilidad de negociar el drama de los Janeiro. Claro que nadie vende honestidad en la información. Solo siguen dando trigo a la especulación y al menudeo de la venta.

Por otro lado, Jesús y María José se han convertido de pronto en los mejores ‘amis’ de aquellos a los que antes les cerraban las puertas –a punto de haberse dejado la nariz más de uno– en la cancela de la finca.

Trastean la realidad, convirtiendo a María José en un guiñol mediático que le favorece muy poco o nada.

Los Janeiro-Campanario han jugado con destreza al silencio, protegiendo sus exclusivas puntuales que les inflaban su economía. Y ahí, nada que objetar. Convivimos con esta especie a menudo.

Sin embargo, ahora no solo comparten descafeinados y helados con los reporteros, sino que nos regalan besos y arrumacos públicos, poco frecuentes o imposibles durante los años que han sido objetivo de los fotógrafos. ¿Qué está pasando?

Si no les hubiese seguido durante todos estos años, vería en su actitud un gesto de normalizar una situación pasajera, pero no puedo evitar pensar, tratándose de ellos, que esto tiene más matices y que el cuadro final esta a buen recaudo hasta que decidan sacarlo a subasta.

De cualquier forma, es imposible no sentir empatía por la enferma y su cuidador, quienes pasean su tristeza como si fueran dos adolescentes enganchados el uno al contacto del otro.

Yo al menos, no puedo evitarlo.

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