En el punto de Mila

"Conocí a Edmundo y me atrapó"

Mila Ximénez

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Las Campos

31 de agosto de 2016, 10:37

Ha sido, sin duda, una semana marcada con la impronta de ‘Las Campos’. Si tengo que ser sincera, ha habido momentos de cierto cansancio visual.
Ha habido pocos contenidos sin que ellas no fueran protagonistas. Ha habido de todo. Alabanzas y críticas feroces. Sobre todo, de Terelu. Sin embargo, hay un personaje que ocupa en este momento un lugar principal en la vida de las protagonistas, que hemos tocado como una pieza de cristal sensible.
Mi compañero Antonio Rossí cruzó una línea que crispó a Teresa y eso me alejó de ella. Puso el corazón por encima de sus asuntos, es cierto. Pero esperaba una reacción menos virulenta. Y ya me conocéis. Buscaba la crítica como un trozo de pan con mantequilla en la isla. Cuando se hizo pública la relación de Teresa y Edmundo, oí de todo. Algunos –de los que guardaré sus nombres en un cofre sellado–, que en presencia de Teresa le limpian sus huellas con la lengua, han dicho historias de Edmundo que me hacían temer por ella lo peor. Pero lo conocí. Y ahí olvidé el rumor en los callejones mediáticos y me atrapó. Qué se le va a hacer. A pesar de mi fama, disfruto de la felicidad ajena. Edmundo siempre sonríe y abraza sin ninguna sospecha de soborno emocional. Nos hace reír y reírnos de las salidas de tono de Teresa. Lo minimiza todo y nos convence, sin discursos folclóricos, de que lo suyo con Teresa es un acuerdo de hacerse feliz mutuamente. Ella ríe siempre cuando nos habla de él. ¿Qué más podemos pedir a cierta edad? Él ha sufrido la muerte de su mujer. Teresa ha llorado la pérdida de dos hombres importantes en su vida. El padre de sus hijas se fue sin avisarle, y al segundo no le avisó la muerte. Cuando visité la casa de Teresa por primera vez –al contrario de muchos que la recorrían con avidez y admiración– yo sentí cierta pena. La vi como un mausoleo que protege desde el frío marmóreo su cadáver. Y de repente, esa casa que veo de nuevo en el ‘docureality’ se pinta de colores colgados en un porche pálido por la ausencia de vida cotidiana.

Su mejor momento

Tal vez decepciono por lo que estoy contando. Pero no quiero que la crítica me despoje de la realidad. Edmundo y Teresa se han encontrado en el punto de encuentro más favorable de sus vidas.
¿Esto continuará en el tiempo? ¿Es su relación íntima como ellos nos dicen? Ni lo sé ni me importa. ¿Sus hijas están felices con esta relación? Yo creo que no son sinceras del todo. Pero me quedo con el titular que quiero dejarles a Teresa y Edmundo. Decía Tolstói: “La felicidad no consiste en realizar nuestros ideales, sino en idealizar lo que realizamos”. Ojalá sigamos hablando de esta relación muchos años. Ambos os lo merecéis. Ahora… ¡¡¡A bailar!!!

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