En el punto de Mila

Con Albalá la tele me engullía como en ‘Poltergeist’

Mila Ximénez Alejandro Albalá
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Sálvame Deluxe

27 de septiembre de 2017, 07:00

Sexo, mentiras y cintas de vídeo’. Una de las peores películas, por cierto, que he visto en mi vida. Jamás pensé que iba a repetir esta ficción y además en versión cutre. Pues lo hice. No me he encontrado bien estos días y me he venido a un rincón de Segovia. He alquilado una casa en un pueblo casi desierto donde la cobertura es un tramo difícil de encontrar. Pues anoche los duendes del cobre me recuperaron un tiempo de tele donde aparecía Alejandro Albalá. ¡¡Ea!!!
No daba crédito a las barbaridades que contaba de una relación entre dos seres que mucho me temo son incapaces de organizarse en solitario sin compartir cerebros.

Una caricatura de amantes


Tengo una enorme capacidad de desconectar. Eso me libra de convertirme en la niña del Exorcista con más frecuencia. Pero a medida que le veía y le oía, me quedaba pegada a la tele como Caroline, la protagonista de ‘Poltergeist’. La luz me engullía y la capacidad de comprensión iba disminuyendo con el discurso vacío de un ser que se dibujaba como un croma y que aleteaba con las manos en las rodillas a modo de aplauso a su puesta en escena.
Lo pillé al principio de narrar cómo Chabelita le contaba con detalles sus fugas amorosas en brazos ajenos y jadeos lejanos de la cama que compartían juntos.
Ahí estaba el sexo. Compartido, según contaba el chico. Las mentiras solo existían para Albalá. Porque las andanzas nocturnas de la niña Chabelita son un clamor en las calles y sitios de recreo. Pero, además, esta caricatura de amantes también se grababan el uno al otro, vaya usted a saber por qué. Entrar en el funcionamiento cerebral de esta pareja es una tarea ardua e inane.
A medida que tengo más recorrido en este mundo del corazón más me cuesta posarme en ciertos personajes.

Los pantoja son eternos


Lo bueno es que algunos igual que aparecen desaparecen. Pero los Pantoja son eternos. Se reproducen como Gremlins. Y siempre tienen tramas llenas de contenidos sombríos. Viven de escarbar en sus basuras y se limpian como las chinchillas de mi amiga Patiño. Se revuelcan en la arena de las exclusivas y salen sacudiéndose a esperar el próximo revolcón. Y yo, a punto de incorporarme a formar parte de su público, me desperezo frente a la chimenea, y me preparo para asistir a la ceremonia de la estupidez de la que formo parte del cortejo.

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