El bulevar

"Rossy es la artista total: canta, recita, baila y actúa"

Màxim Huerta
Maxim Huerta y Rossy de Palma

23 de diciembre de 2015, 11:00

Queridos amigos de Lecturas: Feliz Navidad. Vaya por delante mi felicitación a todos los lectores, con el deseo de que paséis unos días maravillosos. Es un verdadero placer escribir cada semana este bulevar. Hoy ya he llegado a casa, como el Almendro, después de una gira por toda España presentando y firmando mi última novela. Ha sido una experiencia única y excitante. De Bilbao a Barcelona, de Zaragoza a Valencia, de Alicante a Vigo, de Oviedo a Salamanca, de Santander a Murcia. Y así, maleta en ristre, he ido recorriendo el país. Gracias a todos los lectores por los besos, los regalos y la complicidad. “No me dejes” es uno de los libros más buscados en las librerías y os doy las gracias infinitas.

Ahora, mientras mi madre pellizca un poco de turrón hago balance de estos últimos meses y me sale una sonrisa. Qué fácil se ve todo con la distancia. Le cuento que estos días de fin de año estaré con Rossy de Palma en Pasapalabra en el equipo naranja. Lo hemos dejado grabado y ha sido divertidísimo jugar a ganar. La actriz, mi queridísima Rossy, es un torbellino de energía y está pletórica después de llenar durante varios días el Teatro Español con un fantástico espectáculo que ya estrenó en Milán: 'Resilienza d’Amore'. El surrealismo es Rossy. Lo mismo se pone una jaula en la cabeza que arrastra un collar gigantesco por el escenario. Es la artista total, canta, recita, baila y actúa. Aquí la conocemos poco, fuera de España es una estrella internacional a la que reciben con honores y aplausos. Tengo muchísimas ganas de verla en la nueva película de Almodóvar, “Julieta”, y tengo ganas también de sentarme con ella en el sofá de Bibiana a contarnos cosas. Hay amistades que son como las chimeneas, no solo abrigan, también reconfortan.

Aunque decir Pasapalabra es decir Christian Gálvez, el presentador es un tío estupendo. Tal cual. Y más allá de la pantalla, que domina a la perfección con agilidad y buen rollo, hay un amigo que vibra con cada cosa que hace. No conozco a nadie tan loco por toda la obra de Leonardo Da Vinci. Ama el Renacimiento con la misma pasión que otros bailan reggateon. Solo que lo suyo es más provechoso. Christian y yo tenemos un plan pendiente desde hace tiempo, yo le paseo por París y Almudena y él me descubren Florencia. Mi asignatura pendiente como diría Ricky Martin.

Es la primera vez que voy a Pasapalabra como invitado externo y me emociona el cariño de las maquilladoras de siempre, los cámaras, el equipo y del público profesional que ya conozco. En la grabación del programa no dejo de hablar con Christian y me reafirmo en lo generoso que es. Me gustaría contar aquí el rocambolesco trabajo que me ha encargado, pero como me he propuesto ser muy prudente con el futuro hago mutis y sigo escribiendo. Desde que ando con mis libros bajo el brazo he recibido más propuestas que nunca para volver a televisión. Dios dirá. Ya lo dice Rossy de Palma en su espectáculo: hay que taparse la cara para que te escuchen.

Para mi escribir no es una actividad pública. Lo he hecho desde siempre, desde niño. Escribo desde que vivía en Buñol y me imaginaba historias en aquel buró de mi habitación. Mi querido buró de madera. De adolescente escribí allí mis primeros cuentos y crecí escondiéndolos en el cajón. Era una vocación. Una pasión. Un vicio. Es como rezar.

¿Y no volverás a la tele?, me preguntan. Volveré donde haya algo interesante que hacer, respondo.

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Recuerdo la boda de Christian como una de las ceremonias más románticas que he vivido. La llegada de la novia, la sonrisa del novio enamorado, las actuaciones y la felicidad de dos locos en medio de los invitados… Ese día yo iba con unas gafas horribles que oscurecían la cara como si viniera de estudiar; voy a pedirles que repitan la boda para tener mejores fotos de recuerdo. Es lo que tiene la moda, que pasa de moda. Otra de mis amigas se ha casado esta semana y anda ahora por París celebrándolo con su amor. Adriana Abenia y Sergio Abad ya son marido y mujer después de mil años de novios. ¿Puede estar más guapa? No. Felicidades y mil besos. Que París selle vuestra pasión como sabe hacerlo esa ciudad. Me dais envidia. Mucha. Muchísima. Toda la del mundo.

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Y tú, ¿cuándo te casas? Yo qué se. Lo cierto es que tengo buenos ejemplos para encontrar el amor o escribir una novela. Ya lo pensaré mañana. Ahora es Navidad.

Maxim y Adriana Abenia

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