El bulevar

"Quien esperaba delante de los choricillos y la cecina era Catherine Deneuve"

Màxim Huerta
Maxim Huerta

10 de febrero de 2016, 07:00

Esta ha sido una semana de cine. Y no lo digo solamente por los Premios Goya. Aquí en París también han sido un día tras otro, días de cine. Cantaba Concha Piquer: “Qué bien que sabe el vino de nuestra tierra cuando se bebe fuera de España”. Será por eso que en París busco todas las semanas la tienda de viandas de Salamanca que hay en el barrio de Saint Germain. La encargada se llama María José y es de Sevilla, así que me toca forzar poco el acento y recupero la lengua de Cervantes. Iba tranquilamente esta semana en busca de mi bocadillo de jamón y resulta que la parroquiana que esperaba delante de los choricillos y la cecina era la mismísima Catherine Deneuve. En un primer momento me pareció una señora rubia de buen ver que iba a coger provisiones de producto español. Luego, tras el cristal de sus gafas semitransparentes, vi que era ella, la poderosa Deneuve. ¿Qué comprará?, pensé. Y mientras la recordaba en ‘Tristana’, ‘Belle de Jour’, ‘Los paraguas de Cherburgo’ o ‘Indochina’, se me fue el santo al cielo. La musa de Buñuel, el mito francés junto a Brigitte Bardot o Jeanne Moreau, había salido discretamente a la calle. Vaya, por Dios. Ni sonaron las campanillas de la puerta. “Era ella, ¿verdad?”, le pregunté a María José. “Catherine Deneuve, sí. Vive en el barrio”. “Y, ¿qué ha comprado?”, quise saber. “Un bocadillo de jamón”, respondió. Y como un mitómano impulsivo hice lo que hace un verdadero fan: me compré otro de los bocadillos que había estado pegado al que se había llevado la protagonista del cine francés. Y fui caminando por la calle como quien lleva un Oscar en lugar de un bocadillo de jamón.

Catherine Deneuve

Un día dedicado al cine
El día lo disfruté paseando por el jardín de Luxemburgo, caminar es lo mejor para la inspiración cuando estás en plena escritura de una novela, así que anduve hacia Notre-Dame y me colé después hacia Saint Paul donde siempre hay terrazas con buen ambiente. Y como necesitaba escribir todas mis notas mentales, me senté en una cafetería donde había sillas bajo las estufas. Y allí, como si el día estuviera dedicado al cine, en la mesa de al lado, tenía a Jamel Debbouze, el entrañable Lucien de la película ‘Amelie’.

Amelie

Miré una vez, miré dos veces y sí. Era él. Seguro que lo recordáis trabajando en la frutería de Montmartre bajo el yugo de su malhumorado jefe. Me vino a la cabeza la frase que le dice Amelie Poulain para defenderlo y estuve a punto de decirla: “Usted nunca será una hortaliza porque incluso las alcachofas tienen corazón”.

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