El bulevar

"¿Qué queda de los escotes de las grandes estrellas de Hollywood?"

Màxim Huerta
sofia loren y Jayne Mansfield

25 de noviembre de 2015, 08:54

Desde que sé que Elsa Pataky pierde las bragas, el mundo me parece distinto. La poesía de la lencería ha llegado para quedarse como si fuera la nouvelle vague de la ropa interior. Yo, que sólo pierdo calcetines en la lavadora, escuché a la Pataky explicar que pierde bragas en los hoteles y rápidamente pensé en los Indiana Jones que arreglan las habitaciones y se encuentran –oh, sorpresa- con la miniprenda de la rubia entre la cama y el minibar. Luis García Berlanga haría una oda al fetichismo patrio, pero como respeto su memoria por encima de la sonrisa vertical, diré que olé con la Pataky y con su confesión. La chica es guapa a rabiar, tiene los ojos azules más hechiceros y, encima, parece que nunca ha roto un plato. Solo pierde las bragas, dirás.

Ahora que empiezan a colocar decoración de Navidad en nuestras calles empezarán también a poner ropa interior roja en los escaparates de la mercerías. Siempre me ha parecido un horror por mucha suerte que de en fin de año, me espanta. La ropa interior debe ser cómoda o sexy y los slips y bragas rojos no son ni cómodos ni sexys. ¡Y menos con dibujos de Piolín!

Pero así es la vida. Uno dice que da suerte y nos morimos en el porsiacaso.

modelo victoria's secret

La fascinación hacia la ropa interior ha hecho que uno de los espectáculos más vistos en el mundo sean los desfiles de Victoria Secret. La Pataky no desfila porque es chiquitita pero ha diseñado una colección para otras marcas del estilo. Las mujeres que salen en ese famosísimo desfile se hacen famosas por sus artilugios: los físicos y los que les cuelgan como tortugas ninja en la espalda. Las muchachas, delgadas y con algo de pecho, salen a la pasarela con ganas de comerse el mundo porque siempre van con la boca abierta enseñando diente. Entran y salen cambiando de bragas y sujetadores en medio de un huracán de música y aplausos de regidor. Se supone que son famosísimas.

¿Quién sabía antes el nombre de una modelo? Jamás. Les llamaban maniquís. Lo importante era la ropa. Sin embargo, desde los noventa, en plena era de Naomis, Claudias y Cindys, empezamos a saber de sus vidas y de sus medidas. Uno se hace mayor cuando ya no se sabe los nombres de las modelos. He mirado la lista y me queda tan lejos como la EGB. ¿Qué queda de los escotes de las grandes estrellas de Hollywood?

Mis tetas favoritas, sin duda, son las de Jayne Mansfield y Sofía Loren. La foto es una oda a la envidia, a la comparación, al mira qué pecho tengo, al vaya por dios, al qué escotazo y al dónde vas con eso. La italiana explicó que “tenía mucho miedo de que el vestido de Jayne fuera a derramarse sobre la mesa”. Me gustaría que se escucharan mis aplausos mientras escribo este bulevar. La foto icónica tiene ya sesenta años y fue tomada en 1957, en Beverly Hills, California, durante una fiesta que sirvió para presentar en sociedad a la actriz italiana. Vuelvo a mirar la foto y me parece la mejor captura de los últimos años. Esa forma de mirar de reojo de Sofía a los pezones de su colega Jayne es fascinante. ¡Viva el cine! Jayne murió en un accidente de tráfico cuando era muy joven y –qué tragedia- estoy seguro de que esa rotunda anatomía seguiría siendo hoy un portento como lo sigue siendo el de la Loren pasados los ochenta.

Hoy, en cambio, vemos como las curvas han dado paso a las autovías rectas y sin vistas. Esas muchachas que desfilan no son de verdad, dan penita por el poco lustre que tienen y, cuando les quitan los brillos, son chicas monas de instituto con la carpeta a cuestas. Guapas, sí, pero no míticas como Sofía ni Mainfield.

Me quedo con las mujeres rotundas. Y puestos a pensar en curvas elijo las de Silvia Superstar que es la chica más boom del país. Silvia es tropical, exótica, femenina y muy pin up. Y me quedo con Alaska, con Martín Berrocal, con Beyoncé y… contigo.

sofía superstar

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