El bulevar

"Me voy con copia de llaves para volver y saludar a mis compañeros cuando quiera verlos"

Màxim Huerta
Maxim huerta

18 de septiembre de 2015, 09:30

Llegar a la televisión en la que he trabajado desde 1999, entrar a maquillaje, saludar a los compañeros y sentarme en una entrevista frente a la jefa fue muy extraño. Le pedí a mi amiga Virginia que viniera conmigo para no pasear como un fantasma por los pasillos hasta la hora clave de entrar en directo. Estuvo repitiéndome que me calmase durante horas, el resto de las veces iba y venía al baño sin éxito. Tomaba café y luego agua, otro café y más agua. Así hasta la hora de salir a escena. Me vestí de blanco, tal y como hace Ana Rosa cada inicio de temporada, para darle suerte a ella y a todos los compañeros y me quité las gafas para no ver. “Si no veo, mejor” pensé. Pero era un error. Me las puse mientras el técnico me colocaba el micro que había llevado durante once años. Estuve esperando entre bambalinas junto a una azafata hasta que escuché mi nombre en medio de los aplausos. Tragué saliva cuando sentí el calor de los focos en la cara y las cámaras me apuntaron en pelotón, pero vi también un montón de amigos. En ese momento, el plató volvía a ser mi casa. Y hablamos como lo hacen dos amigos que se conocen bien. Tres cuando entró Joaquín Prat.
Atrás había quedado una charla en la playa con mi madre, Clara, en la que nos sentamos frente a mi mar para decidir cómo hacer la decisiva e incómoda llamada a Ana Rosa. Pero el mar y una madre ayudan. “Te voy a echar de menos”, me dijo la Quintana por teléfono. “Y yo”. “Hemos compartido los últimos años y hay que cerrar ciclos, te entiendo –siguió Ana–. Has hecho una carrera literaria brillante y llega un momento en el que hay que volar solo”. Gracias, compañera. “Tengo la misma sensación que cuando los hijos se van de casa”, me confesó ya en directo. Y sí, es esa sensación. Me voy con copia de llaves para volver y saludar a mis compañeros cuando quiera verlos. Durante muchos años he disfrutado de las risas, de los sustos, de las sorpresas, los desayunos hipercalóricos, de las noticias y del ritmo frenético de un programa que dura cuatro horas en directo. Pero estoy satisfecho con mi decisión. Es el momento. Me gusta escribir. Disfruto creando novelas e inventando personajes. En breve, el 20 de octubre, sale mi quinta novela y quiero disfrutar de la promoción, de las firmas y de los lectores en todas las ciudades. Tengo un viaje apasionante junto al florista protagonista de ‘No me dejes’.

Gracias por el cariño

Ahora necesito aire nuevo, dar un paso, saltar, y sentir que puedo salir de la zona de confort y entrar en la zona de la magia. Así me lo dijo Dani Martínez. Y la magia se llama París y la escritura. Además de mis novelas, también estaré colaborando con varios medios escritos como National Geographic y Lecturas. “¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio”, dijo H.G. Wells. En ‘Tomates verdes fritos’ hay una escena maravillosa: “Déjela marchar, déjela marchar, señorita. La señora es una dama y una dama siempre sabe cuándo irse de una fiesta”. Eso he hecho yo. Sabía que en esa fiesta ya nadie me iba a sacar a bailar. He asumido las circunstancias y he sonreído. He salido a la calle en busca de aire, camino hacia otra fiesta y otro baile. Como dice Edith Piaf, la fiesta continúa.

Agradezco en este BULEVAR por el que hoy empiezo a caminar el cariño de compañeros de todas las cadenas y profesiones. Rosa Montero, Secun de la Rosa, Risto Mejide, Espido Freire, Sandra Barneda, Teresa Viejo, Loles León, Bibiana Fernández, Raquel Martos, Ruth Lorenzo, Jorge Javier, Frank Blanco, Edurne, Cristina Pardo, Ana Pastor, Mónica Carrillo, Helena Resano, Sara Carbonero, Sonsoles Ónega, Lara Álvarez, Paula Vázquez, Christian Gálvez, Pilar Eyre, Charo Izquierdo y Jordi Évole, entre otros cientos de amigos. ¡Qué vértigo y qué felicidad! Yo no quería sentirme como contaba Marc Twain: “Dentro de 20 años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de las que llegaste a hacer. Por lo tanto, ya puedes levar el ancla. Abandona este puerto. Hincha las velas con el viento del cambio. Explora. Sueña. Descubre”.

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