El bulevar

"Me emociono imitando a actores en lugares de cine"

Màxim Huerta
MAxim

23 de marzo de 2016, 07:00

Me he sentado frente a la Fontana di Trevi para escribir este bulevar. Hace un sol estupendo y está reluciente como una novia porque la han restaurado y limpiado para que volvamos a echar monedas. No lo puedo evitar, siempre que miro la fuente pienso en Anita Ekberg y su sensual baño llamando a “¡Marcello, Marcello!”. He venido a Roma para empezar el rodaje de mi nuevo programa de TVE, Destinos de Película. Presentar desde lugares tan espectaculares como la fontana es una sensación excitante: no existe plató más bonito que una ciudad llena de monumentos. Desde el café en el que escribo escucho a unos españoles sobrecogidos ante la belleza de la fontana. Unas chicas de Murcia me saludan y nos hacemos unas fotos. Sonrío. No puedo estar más contento, el rodaje es complicado porque cuando empiezas a hablar pita el autobús, luego pasa una moto y después viene un carabinieri a preguntar. Sin embargo, hacer un programa así es como estar enamorado, no te molesta que se deje el tapón del gel abierto o ronque alguna noche. Cuando me siento a comer en una trattoria del Trastevere me suena familiar la voz de mi espalda, me giro y es ella, Cristina Pardo, el dardo, la chispa, la rapidez, la gracia, la puntilla y la pregunta acertada. Como nos queremos, nos saludamos, nos besamos y nos hacemos fotos. ¿Pero qué haces aquí? ¿Una cerveza? Mejor dos. No puedo contar mucho más porque este programa os va a gustar mucho y me emociona como está quedando. Ella me lo nota y se alegra de mi felicidad. No la puedo disimular. He entrado en lugares de cine y he rodado imitando a los actores de películas que nos emocionan en escenarios reales.

¡Vamos Max!, me grita el realizador desde una esquina del Vaticano. “Seguimos rodando”, me dice con las cámaras dispuestas. Digo adiós a unas valencianas que se han escapado de las fallas y me pongo en mi lugar. Recuerdo perfectamente cuando retransmití el Conclave del que salió el Papa Francisco y acabamos calados en la Plaza de San Pedro. Hoy hace un sol de cine. Nacho, el realizador, no se conforma con una toma, quiere más y más, y otra, y otra más. Y yo repito mil veces las frases paseando, saludando y comentando las películas más famosas que se han grabado en Roma. Creo que tengo mucha suerte, porque a pesar del agotamiento y el dolor de pies que provoca andar por los sanpietrinos –los adoquines de Roma- me da tiempo a comprar un imán para la nevera y una postal para alguien a quien quiero mucho.

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