El bulevar

La actriz que se comió la oreja de un difunto

Màxim Huerta
Beatrice Dalle

17 de febrero de 2016, 07:00

Béatrice Dalle, una actriz francesa de mucha fama y mucho diente, se sentó estos días en un programa de éxito de la televisión francesa. No di crédito a lo que estaba escuchando. Se me quedó la misma cara que al presentador de 'El Diván', que así se llama el programa de entrevistas. Béatrice confesó que de joven había trabajado en una funeraria y que un día, junto a su amiga, algo pasadas de rosca y de ácidos, se les fue la mano con la emoción y acabaron comiéndole la oreja al muerto. ¿Cómo? ¿Ha dicho eso? Llamé a mi amigo Manu: ¿estás viendo la tele? “Estoy tan en shock como tú”, me dijo. La famosa Béatrice Dalle se quedaba tan ancha con su confesión mientras el presentador hacía gestos de “esto no puede estar pasando” y ella se atusaba el pelo y se tapaba la boca para aguantar la risa. Pues sí, era cierto. Béatrice, con un currículum larguísimo de cine y teatro dejó patidifusos al los espectadores y al final de la entrevista pidió que no la condenaran por algo que hizo de joven y bajo los efectos de los espirituosos. La osadía de la actriz (por contarlo, claro) ha sido la risión en los bistrós y en las charlas de café en París.

Aunque puestos a confesiones, no tan tremendas, Penélope Cruz en otra entrevista. Anda de promoción con Zoolander 2 y lo que tiene la promo es que los actores, a veces, se sueltan gustosamente. Recordemos a Elsa Pataky diciendo que perdía las bragas en los hoteles o a Mónica Naranjo dejándose tocar el culo por Pablo Motos. Pues bien, resulta que Penélope Cruz ha contado en la BBC que una vez, recién aterrizada en EEUU, le pidió una felación a un peluquero. Al muchacho debieron caérsele los peines y los botes de laca, porque la española había confundido “blow-dry” (alisado de pelo) con “blow-job” (felación).

Es maravilloso cuando los entrevistados se relajan y dan todo el juego en la entrevista. Estamos acostumbrados a famosos que se sientan en el plató y responden como si fuera un test de conducción, sin palabras y sin gracia. Por eso, benditos sean los que se lanzan y rompen la pantalla del televisor con magia y con simpatía. No hace falta tener la anécdota del año, pero sí un poco de humor y saber estar.

Concha Velasco

Mi preferida siempre ha sido Concha Velasco, que ha dado sopa con ondas a la mayoría de los nuevos actores que se sientan en una entrevista y esperan que les aplaudan. Ella, nuestra Concha, visceral y auténtica, ha brillado y llorado, agitado y coqueteado, jugado y fantaseado. La Velasco es única. Y como ella otros grandes como Raphael, Imanol Arias o José Sacristán. Los nuevos, a los que no nombraré porque tienen ejércitos de fans que les defienden como si fueran la Virgen de la Almatosa, posan y reparten sonrisas sin gas. Llenan portadas de revistas pero sus discursos están desiertos de chispa. No todos, claro. Paco León y familia son maravillosos y se sientan en un plató como si fuera su propia casa. Madre, hijo e hija –benditos ojos- dominan la naturalidad y la elegancia de la espontaneidad. Tienen intuición, agudeza, gracia y trastean con la lucidez de los valientes. Por eso da igual que Paco cuente que tuvo novio antes que novia o que Carmina les metía la cabeza en el baño para que fueran a clase. Cuando el ingenio mezcla desenvoltura, ganas. Y ganas también muchos espectadores. Es la frescura que viene de la gente sensata, indomable y bizarra. Luego está ese batallón de sinsangre que dicen que son tímidos, pero lo que de verdad son es sosos. Sin guión, un bluf.

No me extraña que le den el Goya a Javier Cámara y a Ricardo Darín, ni que triunfe en la música Dani Martín, Fangoria o irrumpa con fuerza Pablo López y su piano. Donde hay magia hay éxito.

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