El bulevar

"Escapar me ha resultado siempre excitante"

Màxim Huerta
Màxim Huerta y Adriana Abenia

14 de octubre de 2015, 07:00

Últimamente valoro mucho más la alegría. Estamos tan acostumbrados a que sólo nos cuenten problemas, que cuando alguien comparte su felicidad resulta hasta nutritivo. Adriana Abenia ha sido siempre un huracán de positividad, de diversión y de buen rollo. Abro Instagram y me la encuentro posando frente al espejo en un baño de tren, con tal desenfado que hasta lo que en otros me resulta un monumento a lo cutre, en ella queda bien. Tiene chic. Adriana, fiel a la cita, una hora después de esa foto en el Ave, aparece en mi casa dispuesta a convertir el martes en un domingo. Me la llevo a la playa, nos hacemos fotos y comemos en el chiringuito del Cranc de Altea donde hacen paellas dignas de premio. Se escucha el mar, las olas chocan con las piedras y no paramos de reír y contar confidencias. Efectivamente, parece domingo. Y es un martes de otoño.

Los baños del ave tienen su aquel😝

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Tenía razón el escritor Anatole France, “Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia”. Pues sí. Absolutamente. Adriana Abenia es de las que aumentan las alegrías y hacen que las penas se esfumen. Me extraña que no esté presentando un programa en prime time en alguna televisión, porque la rubia tiene fuerza, simpatía y belleza. ¿Qué más queréis? Mezcla en perfecta dosis ese punto aragonés tan suyo (que me encanta, ¡viva Zaragoza!) con un desparpajo elegante. No es cursi, no es ñoña, la Abenia es deslenguada, osada y sexy. No exagero si digo que me recuerda a la Brigitte Bardot de “Y Dios creó a la mujer”. Mientras tanto, la paella del chiringuito va desapareciendo de la mesa como un juego de magia de Jorge Blass pero sin cartas. ¿Quién ha sido? ¿Quién ha comido más? ¿Celiaco uno o celiaco dos? Bendigo los días de risas porque de los otros ya hay bastantes.

Para hablar de París nos vamos caminando hasta el Faro del Albir, uno de los parajes más bonitos de la Costa Blanca. Mi pasión por los faros es casi marinera. Llevo uno tatuado en el brazo derecho y siempre me recuerda a casa, al lugar donde después de muchos viajes siempre debes volver. En mi novela La noche soñada explico bien el porqué: Kavafis tiene la culpa. En el camino hacia el faro del Albir hablamos de programas, de viajes y de amor. En mi caso, de la ausencia que empieza a parecer un luto.

La bahía de Altea tiene un azul poderoso. Adriana se ha quedado embobada frente al Mediterráneo. Le hago una foto con el móvil. Sale guapa hasta de espaldas. Relaja el paisaje. Lo memorizo porque vienen curvas.

Esos momentos en los que esperas que alguien aparezca por detrás y te coja por la cintura... Los faros...

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En breve empiezo la promoción de mi quinta novela, ando descontando los días y recordando a mis personajes. Os va a encantar. “No me dejes” es un homenaje a todas esas personas que creen que no les pasa nada en la vida, que sospechan que lo bueno siempre les sucede a los demás. Pues bien, todos tenemos una historia que merece ser contada. En este caso vuelvo a París con una novela que habla de aquellas mujeres que tuvieron que irse a Francia, emigrantes españolas que hoy por hoy no saben si se sienten de allí o de aquí. Es una historia de huidas y de emociones. París siempre es una buena idea, ¿no? He construido con palabras una floristería en pleno barrio de Saint Germain donde se reúnen los protagonistas de “No me dejes”: Mercedes, Matilde o Dominique. Allí llega, también huyendo, una joven de 23 años llamada Violeta que escapa de una relación que la atormenta y de una familia que no lo pone fácil.

Escapar es algo que siempre me ha resultado excitante. Ay, Unamuno, qué razón tenías: “Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte”. Me temo que esta quinta novela os va a gustar mucho.

Solo quedan diez días para la publicación de @nmdnovela ¡París nos espera!

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Me ha invitado Pablo Motos a visitar su 'Hormiguero' en Antena 3 y presentar mi nuevo libro. Es, sin duda, uno de los programas más simpáticos y atractivos de la televisión. Puro entretenimiento sano y feliz. Pisar el mismo escenario que ha llenado de aplausos Will Smith, Nicole Kidman o Hugh Jackman es muy emocionante. El cartel de invitados es digno de la Ceremonia de los Oscar. Qué satisfacción debe ser para un tipo como Pablo Motos rodearse de gente que seguramente admira... Cuando era un veinteañero que jugaba a ser periodista tuve la suerte de coincidir con mi paisano: yo soy de Utiel y él de Requena, tierra de vinos. Mi primer programa de radio fue allí, en RNE en Utiel, se llamaba “Tan frescos”, y Pablo Motos me hizo el favor de ser mi técnico de sonido durante aquel verano. Quién nos iba a decir que veintemuchísimos años después coincidiríamos en un plató de televisión para presentar mi quinta novela.

Al final he acabado hablando de lo que más me interesa: la alegría.

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