Corte y confección

Una rubia en la sala de juicios

Mariángel Alcàzar
Infanta Cristina en banquillo de acusados

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Gran Hermano Vip Telecinco Casa Real Española

14 de enero de 2016, 21:24

Cada vez resulta más difícil engancharse a los enredos escenificados por esa colección de personajes, casi todos nacidos en los programas de televisión, que han entrado dentro de la casa que alberga los encierros de 'Gran Hermano' y ahora de 'Gran Hermano VIP'  Llevan una semana escasa y Rosa Benito que empezó pretendiendo a Carlos Lozano ya medio se ha peleado con él. Normal, Rosa es una pesada y Carlos;  un galán venido a menos.  Rappel se ha quitado las túnicas y el pequeño Nicolás ha crecido y, como los Pequeños Cantores de Viena, ha perdido sus superpoderes. Raquel Bollo, lista y superviviente fuera de la casa, no encuentra su lugar dentro aunque sus dotes de cotilla enredadora la podían situar en la portería. Del resto de habitantes alguno dará la nota, más allá de la subtrama que protagonizan la hija de Kiko Matamoros y el hijo de Makoke, pero no se entiende la presencia de Julius, un cocinero de muy buen ver y único tipo de interés de la casa.  Puede que su presencia en el programa obedezca a las mismas razones por las que otro cocinero, Sergi Arola, entró en 'Esta cocina es un infierno', pretendiendo añadir fama a su oficio y solo logró salir escaldado tras sus sonados enfrentamientos con Bárbara Rey que se lo comió crudo.

Dicen que la ficción supera a la realidad pero los 'reality shows' los está superando la vida real. De momento, Pedro Horrach, el fiscal anticorrupción del caso Nóos, comparó la estrategia de defensa de Manuel González-Peeters, abogado de Diego Torres, el exsocio de Iñaki Urdangarin, con un programa de entretenimiento y, por si fuera poco, la consideración de audiencia pública de la vista, convirtió la sala del juicio en una especie de 'Gran Hermano'. Quizá por eso, la única que mantuvo el tipo fue la infanta Cristina que no se movió en las diez horas, cinco por la mañana y cinco por la tarde, en las que estuvo sentada en la silla, que no banquillo, de los acusados. Sintiéndose observada, adoptó una posición esfinge que solo puede mantenerse durante todo ese tiempo si no te han enseñado los trucos desde pequeña.

Estaba seria sí, pero no iba, como se ha dicho, sin maquillar porque en las fotos y en las imágenes se ve claramente la raya bajo los ojos y, sobre todo, la evidencia de que quizá el mismo sábado anterior, porque el domingo las peluquerías están cerradas, la infanta se había hecho el tinte y las mechas. Su melena rubia estaba perfectamente peinada y, además, su indumentaria había sido también elegida al detalle, americana azul marino, pantalón gris, botines de ante color camel y blusa morada, a tono con el foulard. Un estilismo banquillo sin un fallo que, además, se conjuntaba con el de su marido, Iñaki Urdangarin.

La infanta Cristina confía en no volver a la sala de juicios si, como pretende su abogado, los jueces (juezas en este caso) aplican la denominada doctrina Botín que dice que las acusaciones particulares (en este caso el sindicato Manos Limpias) no pueden llevar a juicio a una persona sin el apoyo de la fiscalía o la abogacía del Estado. En el caso de que no logre su objetivo, que en todo caso no le exime de pagar la correspondiente multa a Hacienda por su delito fiscal, la infanta deberá pasarse los cinco meses del juicio apareciendo en la sala de martes a viernes, que es cuando tendrán lugar las vistas, pero tiene los lunes para ir a la peluquería.

Peor lo tienen, como ya puede verse, las peliteñidas de 'Gran Hermano VIP'. Rosa, a pesar de ser peluquera, ya empieza a taparse la cabeza con un pañuelo para que no se le vea la raya negra de la raíz. Otra cosa que no entiendo, ¿por qué les dejan llevar maquillaje y no tinte del pelo?

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