Corte y confección

Un año de amor y cárcel

Mariángel Alcàzar
Un año de cárcel y amor

31 de diciembre de 2015, 11:31

Se acaba el año en el que Isabel Preysler volvió a escena gracias a su noviazgo con Mario Vargas Llosa e Isabel Pantoja cambió los escenarios por la prisión de Alcalá Meco por culpa de su relación con Julián Muñoz.

Los personajes de 2015 lo han sido por varias razones, pero digan lo que digan, para mantenerse en el candelero de la fama hace falta un buen amor o un desgarrado desamor. Que se lo cuenten sino a Terelu Campos, que enmascara con supuestas bajadas de autoestima su rabia por no haber conservado a su lado a Jose Valenciano. Consejo para 2016: si encuentra otro novio que no lo pasee por las revistas.

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La hija de Maria Teresa Campos no ha tenido buen año pero a cambio está de muy buen año y en cuanto acepte de una vez por todas que ya se le pasó su momento de gloria, vivirá mas tranquila. No siempre se gana, mira tú a Eva González lo que le ha costado convertirse en una señora casada y además tener su huequecito en la televisión. Claro que le ha tocado de cuñado a Kiko Rivera, ser peripatético donde los haya al que seguramente sus hermanos de padre, Fran y Cayetano, invitan a las fiestas para que siga quedando claro quienes son los guapos y los finos.

Ahora, los dos hijos de Paquirri y Carmina vuelven a ser íntimos del hijo que su padre tuvo con Isabel Pantoja pero me da que es para hacer de menos a Julianín, el hijo de Carmina y Julián Contreras. Fran, que es sin duda el que manda en esa familia, decide quien entra y sale en el círculo de confianza según le conviene; Cayetano, que es mas guapo pero con menos personalidad, se deja llevar. A ver cuánto dura el idilio con Kiko, que acaba de anunciar que quiere que su hija Ana, que tanto se le parece, crezca con Carmen, la hija de Fran y Lourdes Montes.

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La nieta de la Pantoja haciendo pandi con la nieta de Carmina, no lo verán mis ojos. De momento, está por ver si Ana Rivera consigue levantarle el ánimo a Isabel Pantoja, que entra y sale de la cárcel con su poncho a lo Emiliano Zapata, con el pelo recogido en una cola de caballo, y los ojos ocultos tras las gafas de sol. Una puesta en escena que sigue transmitiendo algo parecido a la arrogancia. No es una situación como para reírse, claro, pero esa pose tan trágica solo revela una amargura interior que la debe estar envenenado.

El veneno, mejor sacarlo como ha hecho siempre Belén Esteban, que tras retirar a Jesulín de Ubrique como enemigo lo ha sustituido por Toño Sanchís, a quien le espera un 2016 muy crudo, quizá tanto como el que tienen por delante la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, que el próximo 11 de enero se sentarán en el banquillo de los acusados. El juicio por el caso Nóos marcará el inicio del año nuevo y algunos querrán que los fantasmas vuelvan a sobrevolar sobre la Zarzuela, pero eso es ya otra historia.

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