Corte y confección

El último enfado de Fran Rivera y la madre de su hija

Eugenia Martínez de Irujo Francisco Rivera Cayetana Rivera Martínez de Irujo
Fran Rivera

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28 de octubre de 2017, 11:58

Tiene razón María Eugenia Martínez Irujo cuando se duele de la utilización que su exmarido, Francisco Rivera, ha hecho de la mayoría de edad de la hija de ambos, Cayetana. Las fotografías que el padre distribuyó a los medios de comunicación, en las que posaba con la hija, no le han gustado a la hija de la duquesa de Alba porque son la prueba de que Fran Rivera ha puesto a trabajar a su hija en la empresa familiar de la que forma parte él mismo, su mujer, Lourdes Montes, su hermano, Cayetano, la mujer de éste, Eva González; la hermana de Lourdes, Sibi, y hasta Kiko Rivera. No es que compartan un negocio pero sí una imagen de marca y la niña, cuyo rostro pixelado y figura borrosa les ha acompañado en los últimos acontecimientos, es un buen activo.

La menor y única hija de la duquesa de Alba se empeñó en casarse con el torero a pesar de que durante el noviazgo, varias veces interrumpido, ya pudo darse cuenta de que a Fran le gustaban todas, a poder ser maduras. Eugenia contó con el apoyo de su madre a quien, de joven, le habían impedido casarse con el torero Pepe Luis Vázquez. Con la boda de Eugenia con Fran Rivera, la duquesa cerraba una cuenta pendiente a pesar de que, desde el primer momento, se vio que aquello no podía acabar bien. Eugenia se encaprichó de Fran y la duquesa de Alba disfrutó, en diferido, de la entrada de un torero en la familia.

Todo se torció cuando Eugenia descubrió que su marido tenía vida propia y el matrimonio, ya con una hija en casa, se rompió. Fran Rivera recuperó su vida amorosa con una prima de su mujer, Blanca Martínez de Irujo, con la que seguramente ya había hecho migas estando casado, una elección que, lógicamente, añadió duelo a la ruptura matrimonial. Nada fastidia más que un adulterio endogámico. La nueva novia le duró poco a Fran pues, infiel por naturaleza, empezó a hacer bolos extras aunque, hombre de aparentes y rectos principios morales, volvió a emparejarse con Carla Goyanes a la que también se la dio con queso. Fran Rivera era un señor de orden aún siendo joven y, por fin, dio con la horma de su zapato: Lourdes Montes, una joven sevillana de los mismos rancios y rectos principios con quien que acabó casándose por partida doble.

Fue sentar la cabeza y complicarle la vida a su primera mujer planteando una lucha judicial por la custodia total de Cayetana, que no era ya ninguna niña. Fran no solo cabreó a Eugenia, también le dio un disgusto a la duquesa de Alba que siempre apostó por él y le siguió considerando su yerno a pesar del divorcio. El torero no jugó bien sus cartas puesto que, aunque su hija le hubiera pedido ir a vivir con él, debió entender que se trataba de la típica rabieta de adolescente tras algún enfado con su madre.

Ahí se rompieron los débiles lazos que aún unían a Eugenia y Fran. Cayetana siguió viviendo con su madre en el piso que la duquesa les cedió en un edificio junto al palacio de Dueñas, propiedad de los Alba. La joven se fue acercando a la mayoría de edad y lo que supimos de ella no fue por sus apariciones junto a su madre sino por su presencia, aunque fuera a cara pixelada, en las celebraciones de su padre y allegados. Cuando la niña cumplió 18 años, lo primero que hizo su padre fue facilitar unas fotos de ambos con ese motivo. La excusa fue ofrecer su imagen a todos antes de que la niña fuera perseguida por las calles por los paparazzi, pero eso estaría justificado si Cayetana hubiera aparecido sola. Francisco Rivera Ordóñez quería, además, dejar clara su posición preeminente, por encima de la madre, respecto a la hija de ambos. Le ha faltado señorío y generosidad y se entiende el enfado de Eugenia Martínez de Irujo.

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