Corte y confección

La última caída de Rosa Benito

Mariángel Alcàzar
Rosa Benito

5 de julio de 2016, 08:52

Rosa Benito se fue llorando de ‘Sálvame’ y no es para menos. A pesar de que le han dado hasta en el carné de identidad y se ha dejado humillar mil veces, el programa le ha salvado la vida y, sobre todo la economía. La última razón del adiós de Rosa es la negativa de su yerno, Andrés Fernández, a retirar una serie de demandas interpuestas contra diferentes colaboradores de Tele 5, entre ellos Kiko Hernández. Morder la mano que te da de comer no es una buena estrategia pero en el adiós televisivo de Rosa también ha tenido que ver, y mucho, que su filón, coincidiendo con el décimo aniversario del fallecimiento de Rocío Jurado, estaba ya agotado.

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En sus primeros tiempos como colaboradora no hay duda de que Rosa Benito, que había sido asistente y confidente de Rocío Jurado, aprovechó esa posición para hacerse un sitio en la televisión acentuando todo lo que podía su parecido con su fallecida cuñada. De algo tenía que ganarse la vida, después de que la muerte de la artista la hubiera llevado al paro. Los primeros años de la década prodigiosa que Rosa Benito ha pasado ante las cámaras, se argumentaron con los líos de la herencia de la cantante, los amores y desamores de su hija Chayo con Antonio Tejado, con hijo incluido, y alguna que otra polémica impostada, hasta que Dios la vino a ver en pleno Caribe como concursante de “Supervivientes”.

Allí pasando hambre y penurias, aquella Rosa que ya empezaba a cansar, la Rosa a la que siempre se le adivinaba un enredo, la Rosa, apodada Venenito, que se parecía a aquellas vecinas dispuestas siempre a contarte la última confidencia de la escalera y luego largarse a ponerte verde, en definitiva esa Rosa creada por ella misma desapareció para asomar la Rosa más auténtica. En la isla, Rosa Benito le hizo ojitos a José Manuel Montalvo, un Mister España con ínfulas de poeta con el que imaginó darse un revolcón, aunque finalmente tuvo que conformarse con su marido, Amador Mohedano, que la visitó en la isla. Allí, en vez de caerse del caballo como San Pablo, Rosa se cayó de la palmera y se dispuso a iniciar una nueva vida. Lástima que no lo hizo del todo, porque tras unos meses de estrella rutilante dueña de sus propias verdades volvió a las andadas conformándose con ser la transmisora de las mentiras de otros.

Ganadora del concurso y con varios kilos de menos, que afortunadamente para ella no ha recuperado, Rosa empezó aprovechando, y muy bien, su “momento”. De lo primero que se dio cuenta era que su marido le había caducado, pero no contó con que lo que no unía el amor, lo ataban las deudas y tuvo que seguir, como fuera, para pagar todo lo que debía y aún debe. Pero no hay mal que por bien no venga y Rosa logró alargar su paso por la televisión estirando el culebrón de su divorcio hasta que no dio mas de sí. Dejó “Sálvame” ofendida por no me acuerdo qué y se fue de bolos con su hija Rosario Mohedano, actuando por esos mundos de Dios creyendo ambas que eran una especie de reencarnación de Rocío Jurado, versión “low cost”.

Rosa dijo que jamás volvería al programa pero lo hizo cuando encontró a faltar el cheque Tele 5, pero solo ha durado unos meses más hasta que su personaje se ha ido agotando como una tea. Lo de la demanda de su yerno desde luego no ha ayudado, pero si Rosa interesara aún seguiría en pantalla. De todos modos en Sálvame todo se aprovecha, así que seguro que a Rosa le hacen un “Deluxe” un día de estos y quien sabe si algún día volverá aunque en cualquier caso la pregunta sería: ¿por qué ha durado tanto?.

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