Corte y confección

Tío Leandro, el Borbón ofendido

Mariángel Alcàzar
Leandro de Borbón

21 de junio de 2016, 13:54

El tío Leandro ha muerto y ahora llegará el turno de alguno de sus deudos para seguir explotando el personaje de infante ofendido porque la familia real, su propia familia, no le hacía ningún caso. Leandro de Borbón Ruiz Moragas, hijo extramarital de Alfonso XIII y la actriz Carmen Ruiz Moragas, murió hace unos días con el deber cumplido de haber conseguido que se reconociera su apellido paterno después de pasarse 70 años llevando el de su madre y arrastrando el estigma de ser un bastardo. La palabra es horrible y más en su sentido figurado, ya que supone se utiliza para insultar y definir la bajeza de las acciones de una persona, pero en el sentido literal bastardo es un calificativo utilizado para reconocer, de alguna manera, a los hijos nacidos fuera de matrimonio sobre todo en las familias pudientes, en los tiempos en que la gente adinerada se casaba por acuerdos de familia y, luego, se unían, los hombres claro, con quien querían.

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Pero, volvamos al tío Leandro, nacido de los amores de Alfonso XIII con una actriz muy famosa en los años 20. El niño nació cuando su madre ya se había cansado del rey, como la mayoría de los españoles de finales de los años 20, y lo había cambiado por Juan Chabás, un escritor e intelectual de izquierdas, por el que asumió los ideales republicanos. Ni Carmen Ruiz Moragas ni sus hijos volvieron a ver al rey, ya que 1931 se proclamó la República y ella misma murió en 1936 como consecuencia de un cáncer cuando solo tenía 39 años. Leandro y su hermana María Teresa se criaron con unos familiares pero tras la muerte de Alfonso XIII, el conde de los Andes, uno de sus administradores, les fue gestionado el dinero, un millón de pesetas por hijo, (un millón y medio de euros, al valor actual) que el rey les había legado en su testamento.

Leandro y su hermana se criaron en Madrid, con el estigma o la ventaja según como se mire, de ser hijos de Alfonso XIII pero, como es lógico, sus relaciones con la familia real en el exilio fueron mínimas. Con todo, don Juan sí mantuvo contactos con su medio hermano, le contaba entre sus invitados para las fiestas familiares y don Juan Carlos y sus hermanas Pilar y Margarita se referían a él como tío Leandro. Los condes de Barcelona invitaron a su pariente a sus bodas de oro que tuvieron lugar en 1985 y Leandro fue igualmente convocado al solemne traslado desde una iglesia de Roma a El Escorial de los restos de Alfonso XIII, en 1980. Tras la muerte de don Juan en 1993, las relaciones de tío Leandro con su familia cambiaron y ya, sin el nexo del conde de Barcelona, fueron a menos con la misma proporción que crecía su resentimiento.

A finales de los 90, Leandro instó un proceso para ser reconocido legalmente como hijo de Alfonso XIII para poder usar el apellido Borbón, un derecho que le reconocían las nuevas leyes de filiación que acabaron con el término de hijo ilegítimo. No hizo falta ni pruebas de ADN, ni una demanda judicial ya que, la propia Casa Real por expreso deseo de don Juan Carlos, avaló el reconocimiento y no pidió pruebas biológicas ya que, en su día, Alfonso XIII había admitido como cierto el hecho de que Leandro era hijo suyo.

Hasta ahí la historia que pudo tener un final feliz de un personaje que, aunque peculiar, pudo ser entrañable y digno, pero el tío Leandro se dejó enredar por los cantos de sirena y se embarcó en una espiral que acabó haciendo de él una caricatura. Todos los que durante algunos años explotaron su personaje, entre ellos algunos de sus hijos, fruto de su primer matrimonio, que explicaron cómo les abandonó al formar una segunda familia, le acabaron por dejar de lado cuando la vaca no dio más leche. Hasta una de sus hijas, Blanca de Borbón, acabó como concursante de “Acorralados” donde se ganó una fama gracias a sus deposiciones. Él mismo, quizá sin darse cuenta, sobre todo en los últimos años, fue un disparate con esas proclamas encendidas y carpetovetónicas a favor de su “sobrina” la reina Letizia y ofendido con su sobrino Felipe VI porque no le reconocía el título de alteza real.

Por eso es todo un detalle que tantos los Reyes Felipe y Letizia como don Juan Carlos y doña Sofía enviaran sendos telegramas de condolencia y las correspondientes coronas de flores. Blanca, la hija que siguió la estela televisiva de don Leandro y a la que, sin duda, veremos pronto llorar su pérdida por los platós, fue al entierro de su padre como si fuera al Mercadona o peor, mucho, peor.

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