Corte y confección

"Tamara Falcó ha sido delgada, pija, medio monja, gorda, pero sobre todo es únicamente una de las hijas de Isabel Preysler"

Tamara Falcó
Tamara Falco tiroides

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Hijos de famosos

24 de noviembre de 2016, 11:14

Tamara Falcó ha sido delgada, pija, medio monja y ahora es gorda, pero sobre todo es y, al paso que va, seguirá siendo únicamente una de las hijas de Isabel Preysler. No es ni médico, ni arquitecto, ni empresaria, ni tan siquiera diseñadora, aunque lo ha intentado, de modo que tiene mucho mérito que sin tener ningún oficio reconocido y mucho menos remunerado, haya conseguido llamar la atención. La joven, que ya ha cumplido 35 años, ha vuelto al primer plano tras haber levitado, cual Santa Teresa de Jesús, intentado acercarse al misticismo, por un problema metabólico que le ha hecho engordar más allá de lo políticamente correcto.

Ser gorda y famosa es un oxímoron, términos antagónicos e incompatibles, por qué cuántas personas conocidas con sobrepeso son capaces de llevar los kilos con dignidad o, por el contrario, andan justificándose con problemas metabólicos, estrés, enfermedades varias o cualquier otra excusa que convierta su exceso de peso en una cuestión circunstancial a la espera de recuperar la figura y su lugar en el mundo. Ser gordo puede pasar, pero ser gorda es un drama; la diferencia entre hombres y mujeres con sobrepeso es la misma que la que existe entre hombres maduros, aun considerados deseables, y mujeres maduras, más bien consideradas desechables. Un hombre con algunos kilos de más, como el que tiene algunos años de mas, sigue siendo deseable, siempre que vaya acompañado de fama o dinero, pero una mujer a la que le pesen los kilos pasa directamente a la reserva. Que se lo cuenten a Terelu, a quien, por más que diga, no le preocupan ni la ausencia de novios, ni haber sido relegada a la categoría de colaboradora, aunque sea, como el programa, deluxe, nada de eso: a la hija pequeña de María Teresa Campos lo que de verdad le mata es comprobar que los kilos han conquistado su territorio y, al mismo tiempo, saber que su angustia solo se cura con un buen gin tonic y una ración de churros.

De todas las gordas conocidas solo Caritina Goyanes parece llevarlo con dignidad pero ella, como todas las mujeres con sobrepeso, venderían su alma al diablo por ser delgadas. Que tremendo drama es, además, tener como referente, y es el caso de Tamara Falcó, a una madre que no engorda ni harta de amor. Porque Isabel Preysler es el modelo de mujer delgada y elegante pero sus hijas, de momento Chábeli Iglesias y Tamara Falcó, no han logrado heredar sus genes y eso fastidia mucho más a sus hijas que a sus imitadoras.

Creo que fue Wallis Simpson, la duquesa de Windsor, quien dijo que una mujer es un ser que nunca se siente suficientemente delgada, ni suficientemente rica y quizá tenía razón a juzgar por los esfuerzos de muchas mujeres empeñadas durante toda su vida en pasar hambre y pescar un novio rico. El culto a la delgadez es la peor de las imposiciones sociales desde que estar escuálido ya no es un signo de enfermedad o de pobreza, ahora se interpreta como un signo de indolencia o dejadez. Tamara tiene que justificar sus kilos de mas con una alteración de tiroides, haciéndose perdonar haber perdido su esbeltez como el que pierde su identidad pero nunca ha explicado porque no tiene mas vida propia que la de ser hija de, ni porque no ha dado con una vocación profesional que llene su vida, ni tan siquiera porque su vida carece de interés.

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