Corte y confección

Sofía, la reina de las abuelas

Mariángel Alcàzar
Reina Sofía y nietos
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Abuelos famosos

28 de julio de 2015, 09:46

La reina Sofía ha conseguido muchas cosas en su vida pero se le ha escapado la que más le gustaría: poder reunir a toda su familia. Aún así no ceja en su empeño y poniendo al mal tiempo buena cara, ha estrenado las vacaciones de verano ejerciendo el papel que más le gusta: el de abuela. Doña Sofía que ya lleva algunas semanas refugiada en Marivent reunió el pasado fin de semana a los cuatro hermanos Urdangarin, Juan (15), Pablo (14), Miguel (13) e Irene (10), y a Victoria de Marichalar (14) que llegaron a Mallorca para participar en el cursillo de vela que realizan todos los veranos. En esta ocasión ha fallado Felipe, el nieto mayor, hijo de la infanta Elena, que acaba de cumplir 17 años y seguramente tiene otros planes e intereses, aunque se espera que uno de estos días aparezca en Marivent junto a su madre.

Para celebrar la llegada, el domingo la abuela Sofía se llevó a sus cinco nietos de excursión a la isla de Cabrera. Todos embarcaron en la lancha ‘Somni’, una embarcación rápida con la que llegaron a la zona protegida de la isla balear para bañarse y pasar el día. Doña Sofía disfrutó a solas con sus nietos, aunque seguramente le hubiera gustado contar con la compañía de algún otro miembro de su familia, principalmente su hija Cristina a quien las circunstancias impiden pisar la isla.

El lunes de buena mañana, la reina acompañó a sus cinco nietos a la escuela de vela del club Calanova para iniciar las clases. Una ocasión propicia para que doña Sofía posara con los cinco chavales y demostrara que su amor de abuela está por encima de las desavenencias familiares. Porque, además de pagarles el curso de vela (280 euros por niño), la reina Sofía quiere cumplir con el deseo de sus hijas y también con el suyo propio de que los hermanos Urdangarin y los hermanos Marichalar mantengan, al ir haciéndose mayores, las buenas relaciones que tuvieron de niños. También le gustaría a la reina Sofía que todos sus nietos, incluidas la princesa Leonor y la infanta Sofía, compartieran algunos días juntos pero aún no lo ha conseguido.

El lugar común de las reuniones familiares, una vez que los hijos de los anteriores reyes formaron su propio nido, siempre fue Marivent pero, a raíz del caso Noos la presencia de la infanta Cristina, y más la de su marido Iñaki Urdangarin en Mallorca, fue haciéndose cada vez más difícil. De hecho, en los últimos tres años solo la infanta Cristina acudió una vez en verano para dejar a sus hijos pero Urdangarin no ha vuelto a pisar la residencia real desde el verano de 2011, unos meses antes de que estallara el caso Nóos, excepto el día en que, por razones logísticas, se alojó, junto a la infanta Cristina, en Marivent, la noche antes de su primera declaración ante el juez José Castro en febrero de 2012.

Se acabaron las vacaciones en la isla, los paseos en yate, las regatas y, sobre todo, la relación familiar pero, ¿qué culpa tienen sus hijos? Doña Sofía, que sigue viajando cuando lo considera para visitar en Ginebra a su hija Cristina y a sus nietos, está entre la espada y la pared ya que también acepta, por respeto a las decisiones de su hijo, el rey Felipe, que la situación no permite alojarlos en Zarzuela y mucho menos en Marivent, escenarios que se pagan con dinero público.

La infanta Cristina quedó apartada de la familia real cuando, cuando, aún pertenecía a ella como hija del Rey, pero siguió acudiendo a la Zarzuela a las celebraciones familiares. Desde la proclamación de don Felipe, la separación ha sido total y más desde que el pasado 11 de junio, el Rey retirase a su hermana el título de duquesa de Palma que le había concedido don Juan Carlos, en 1997, con motivo de su boda con Iñaki Urdangarin. Su tozudez a la hora de apartarse voluntariamente de la familia real con un gesto, aunque hubiera sido simbólico, renunciando al menos al uso de su título de infanta la ha llevado a una situación que no tiene vuelta de hoja. Será muy difícil verla, en España, junto a sus familiares pero nadie puede negar a sus hijos el derecho a disfrutar del amparo de su abuela.

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