Corte y confección

Rocío Carrasco tiene de todo menos familia

Mariángel Alcàzar
Rocío Carrasco

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15 de octubre de 2016, 13:34

Rocío Carrasco no parece muy afectada por el tsunami que ha provocado su boda con Fidel Albiac. Sean cuales fueran las razones por las que la hija de Rocío Jurado decidió contraer matrimonio legal con su pareja de diecisiete años, lo cierto es que no parece que las críticas y los ataques frontales que ha recibido por parte de sus familiares le hayan afectado mucho, más allá del anuncio de querellas a todos los que osan poner en cuestión sus decisiones. No creo que haya nadie en este país a quien se le haya dado más duro que a Rocío Carrasco acusada por sus propios hijos de abandono afectivo y por otros allegados de poner el dinero por delante del afecto. ¿Se puede aguantar todo eso? ¿se puede uno ir a dormir todas las noches mientras media España te considera una mala madre y una mala persona?

En el podio de enemigos de Rocío Carrasco, el número uno es su primer marido, Antonio David Flores, padre de sus hijos Ro (cío) y Da (vid), una de 20 años y el otro a punto de cumplir 18, que han roto toda relación con la madre, según cuenta el ex guardia civil que tampoco puede ir de inocente en una guerra familiar que tiene varios indicios de manipulación parental de un progenitor contra el otro y viceversa. En los juzgados de familia se ven todos los días casos de custodia de hijos en los que uno de los padres lucha contra viento y marea, y no siempre con razón, para evitar que su pareja, aquel ser del que un día estuvo enamorado y ahora odia ferozmente, no vea jamás a los hijos comunes. Mucho más difícil es que ese odio sarraceno haga, y más en el caso de las madres, que se opte por renunciar a los hijos en favor del otro cónyuge solo por que son hijos de él.

Es la única razón que se me ocurre para explicar que Rocío Carrasco no haga ningún esfuerzo por mantener relación con sus hijos. Puede entenderse que, por caprichos o rebeldías adolescentes, los hijos prefieran vivir con el padre e incluso que, ya mayores de edad, decidan de forma consciente y meditada permanecer a su lado, pero lo que es incomprensible, sin que haya mediado una gran tragedia o un trauma insalvable, es que hijos y madre no se vuelvan a ver.

Cuentan que cuando Rocío Jurado, un día después de dar a conocer que padecía cáncer, fue a hacer testamento lo hizo con una indicación precisa: no dejar nada a sus nietos para evitar que Antonio David sacara partido. No pasa nada, algún día Ro y Da heredarían de su madre. La cosa se complica ahora, al saberse que Rocío Carrasco se podría estar descapitalizando. Quizá sus hijos no tengan nada que heredar, no sea que una parte vaya a parar por decisión de los hijos a Antonio David.

Que no le pase lo que a otras listas y, al final, acabe pobre y sola y Fidel disfrutando con otra de lo que Rocío Carrasco ganó con su voz de oro y Pedro Carrasco con sus puños de hierro.

Lo de Amador Mohedano es otro cantar, aunque en el origen del distanciamiento con su sobrina también esté el cochino parné. Claro que su relación laboral con Rocío Jurado nunca estuvo lo suficientemente regulada y la indemnización en forma de legado no llegó a buen puerto cuando Rocío Carrasco impugnó el reparto y logró quedarse la parte de la finca con el pozo de agua y rebajar el valor de la parte de su tío, que sin agua, vio como una zona productiva se convertía en secarral. Que triste es todo y que espectáculo están dando los unos y los otros y, es verdad, si Rocío Jurado levantara la cabeza quedaría asombrada pero solo por comprobar que en la forma en la que educó a Rociito está la clave de lo que pasa.

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