Corte y confección

Rocío Carrasco y los secretos de familia

Rocío Carrasco Antonio David Flores Rocío Flores Carrasco
Rocío Carrasco Antonio David

19 de enero de 2017, 09:54

Como el rayo que no cesa, la guerra entre Antonio David Flores y Rocío Carrasco parece no tener fin. La impactante entrevista que el primero concedió a Lecturas ha provocado, lógicamente, la reacción de la segunda quien en vez de solucionar de una vez los problemas con sus hijos ha decidido, una vez más, elevar el tono del enfrentamiento contra su exmarido, más cruento ahora por centrarse en David, el hijo menor, afectado por un grado de discapacidad que le hace, lógicamente, más vulnerable.

Los hechos hablan por sí solos y como venimos diciendo desde que Rocío decidió inventarse una vida lejos de sus hijos no cabe más conclusión que la de deducir que intenta borrar con todas sus consecuencias la etapa de su vida en la que coincidió con Antonio David. En lo que pasó en aquellos escasos cinco años, desde que se fueron a vivir juntos a Argentona (Barcelona) donde él ejercía como guardia civil a su traumático divorcio, ya en Madrid, está la clave para entender el drama familiar, pero los secretos no han sido aún desvelados aunque sí se conoce la consecuencia: los hijos, ya mayores de edad, viven con el padre sin que la madre tenga contacto alguno con ellos. Es como si Rocío Carrasco odiara todo lo que tenga que ver con Antonio David Flores, hijos incluidos.

La caprichosa adolescente que se enamoró del guardia civil dejó su vida de niña mimada y consentida para irse a vivir a un pisito de alquiler en la costa barcelonesa; el contigo pan y cebolla fue un divertimento más hasta que con una niña recién nacida, la joven madre empezó a echar de menos las comodidades a las que estaba acostumbrada. En esas se produjo el episodio de la apropiación indebida del importe de una multa impuesta por Antonio David a un conductor francés que, siendo un hecho injustificable, puede explicarse por el afán del marido en procurarse ingresos extras para estar a la altura del nivel de vida que no podía ofrecer a su familia con su sueldo de guardia. Y ya, cuando la pareja hacía aguas, otro embarazo y la llegada al mundo de un niño con unas necesidades especiales, una situación que les sobrepasó y que pudo generar la semilla del mal que ahora les corroe. Ahí sí se impuso Rocío Jurado y el matrimonio, prácticamente roto volvió a Madrid, con los dos niños y el amparo de la solvencia económica de la cantante.

De nada sirvió, Rocío Carrasco se divorcio de Antonio David y, al poco, se fue a vivir con Fidel Albiac, su actual marido, el hombre del silencio cuyo papel en el drama familiar resulta, al menos enigmático. La muerte de Rocío Jurado acabó de romper el dique que, al menos, protegía a los niños y a los pocos años se produce el hecho aún sin explicar que provocó que Rocío Flores abandonara para siempre la casa de su madre para irse a vivir con su padre. Dos años después le ha seguido su hermano, cuya imagen se ha desvelado al alcanzar la mayoría de edad aportando nuevos datos al drama.

Antonio David, con todas sus contradicciones, ha acabado siendo el único refugio de sus hijos cuando lo lógico sería que, independientemente de que hayan decidido vivir con el padre, tanto Rocío Flores como su hermano David siguieran manteniendo contacto con su madre o, al menos, que Rocío Carrasco en vez de gastar sus energías en esa guerra abierta contra su exmarido que parece no tener fin, hubiera luchado por mantenerse junto a sus hijos sin que el hecho de que también lo fueran de su enemigo le hubiera condicionado hasta el extremo de renunciar. Eso es, al menos, lo que parece.

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