Corte y confección

Rocío Carrasco, con novio pero sin familia

Mariángel Alcàzar
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Familias Hijos de famosos

1 de octubre de 2015, 09:11

La muerte de Rocío Jurado condujo a su hija Rocío Carrasco al ostracismo. Meses después del fallecimiento de “la más grande”, el 1 de junio de 2006, la mujer que fue conocida como Rociíto se enclaustró en su casa junto a su pareja, Fidel Albiac, y sus dos hijos, Rocío y David Flores. Durante bastante tiempo, Rocío Carrasco desapareció del mapa y todo parecía indicar que, tras una vida en el escaparate, había decidido recuperar, en la medida de lo posible, el anonimato. Con el único trabajo de gestionar la herencia de su  madre, básicamente propiedades, joyas y otros objetos personales y todos los derechos artísticos de la cantante, Rocío podía vivir bastante bien, habida cuenta de que su madre ya le procuró una casa y otros caudales para que pudiera mantenerse cuando, con solo 22 años y dos hijos, se separó de su primer marido Antonio David Flores.

Rocío Carrasco tiene ahora 38 años y acaba de anunciar su boda con Fidel Albiac, de 42, a quien está unida sentimentalmente desde el año 2000. Desde hace algún tiempo, poco a poco y casi siempre amparada por las Campos, madre e hijas, la hija de la Jurado ha ido reapareciendo en la escena pública, siempre discreta eso sí y, al mismo tiempo, firme en su actitud de no mantener ningún tipo de relación con miembro alguno de su familia. Rocío solo se relaciona con su hijo David, un muchacho con necesidades especiales y su adorada pareja, Fidel Albiac, ahora presentado como brillante empresario en gestión de imagen aunque que se sepa no gestiona más imagen que la de la propia Rocío.

Las razones por las que Rocío Carrasco ha roto relaciones con la práctica totalidad de su familia son tan variadas como la personalidad de los diferentes parientes, pero la más sorprendente, sin duda, es la que llevó a una madre a denunciar a su propia hija, cuando aún era menor, ante la Guardia Civil. Rocío Flores nunca se llevó bien con Fidel Albiac pero dado que empezó a vivir con él cuando solo tenía 4 años, hay que suponer que el novio de su madre no hizo ningún esfuerzo por adaptarse a la niña quien, por otro lado, pudo ser perfectamente manipulada por su padre, Antonio David Flores, hasta extremos que hicieron insostenible la convivencia en la misma casa de madre e hija. No hace falta desvelar ningún secreto para suponer que los enfrentamientos entre madre e hija eran constantes e insoportables. Incluso puede pensarse que, como en otros divorcios traumáticos, pudo darse un caso de síndrome de alienación parental que es un desorden psicológico que afecta a los niños y que les provoca una conducta en la que de forma permanente atacan a uno de sus progenitores influenciados por el otro. No será el primer padre divorciado que manipula a sus hijos en contra de la nueva pareja de la madre y, al final, acaba todo como el rosario de la aurora.     

Sea lo que fuera, a los 16 años Rocío Flores dejó la casa de su madre y se fue a vivir permanentemente a casa de su padre, casado ya con otra señora y padre de otra niña. Desde entonces madre e hija no se hablan, no tienen ningún tipo de relación aunque, desde que Rocío alcanzó la mayoría de edad no ha evitado la ocasión de dar prácticamente por muerta a su madre. Qué pensaría Rocío Jurado de tamaño despropósito es mas que pensará Rocío Carrasco de que su propia hija la rechace de esa manera.

Lo que pudo pasar cuando la niña era una adolescente rebelde no puede justificarse tres años después, pues la persistencia en la actitud de Rocío Flores de rechazo frontal a su madre solo indica que Antonio David su padre no ha hecho nada por paliar la situación. Que Rocío Carrasco se haya rendido tampoco dice mucho a su favor, porque romper relaciones con una hija de 30 años es una cosa y, quizá puede encontrase una justificación, pero hacerlo con una adolescente y, además tomar partido y darla por perdida de por vida es muy fuerte. Todos necesitan ayuda.

Pero Rocío Carrasco no solo tiene abierto, o cerrado en falso, el frente de su hija, en su afán por protegerse del mundo exterior y vivir únicamente en función de su novio, la hija de la Jurado también ha roto relaciones con José Ortega Cano, viudo de su madre, y con los hijos que adoptaron el torero y la cantante: José Fernando y Gloria Camila. No es que la actitud errática de Ortega Cano tras la muerte de Rocío Jurado favoreciera la relación, pero tampoco puede conducir a la negación que de él y de sus hijos hace Rociíto. Y por último, también su tío Amador Mohedano ha sido apartado de la corte de su sobrina que seguramente se cansó de ser proveedora de bienes y servicios como su madre lo fue con su hermano Amador. Eso y que Fidel Albiac quiso sustituir, y de hecho sustituyó a Amador Mohedano, en su papel como manager de la fallecida cantante.

Total, que Rocío tiene un buen panorama y algunas buenas razones, seguro, pero resulta prácticamente imposible que tenga la razón en todos los casos.

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