Corte y confección

Rania y Letizia, el duelo que nunca existió

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Realeza

21 de noviembre de 2015, 10:41

Hace ya seis años, la importante visita de Estado del entonces presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, quedó opacada, en parte, por la foto que protagonizaron la princesa Letizia y Carla Bruni, subiendo de espaldas, una vestida de fucsia y la otra de azul, las escaleras de la Zarzuela. Desde aquel día, en el que todos los tópicos y también todos los complejos, salieron a la luz, la actual Reina ha huido de los duelos de estilo en los que se la ha incluido sin su permiso.

A la Reina, como a cualquiera, le molestan las comparaciones y eso que perder, perder no ha perdido ninguno de los duelos a los que se la ha querido someter. El último acaba de tener lugar en Madrid con motivo de la visita de Rania de Jordania que es seguramente a quien más se parece, en físico y en estilo y no podría decirse que ni la una, ni la otra hayan resultado ni ganadoras, ni perdedoras. En realidad no ha habido ni batalla de estilo, ni duelo, pues cada una ha ido a la suya: Letizia convencional y Rania estilosa, pero dispersa.

La reina jordana es, en sí misma, una revista de moda. En ella caben todas las tendencias y todos los diseñadores; es atrevida pero se le nota demasiado que está en manos de estilistas, cazadoras de tendencias, que le procuran las últimas novedades en el mundo de la moda. En Madrid lució prendas y complementos de los nuevos diseñadores que ahora mismo son lo último en Nueva York, como Derek Lam y Philip Lim. No son Zipi y Zape, a pesar de la similitud de sus apellidos, pero comparten el hecho de ser estadounidenses de origen chino y seguir la estela de Jason Wu, que desde que fue elegido por Michelle Obama es el niño mimado de la moda. Durante años, Rania de Jordania llenó su armario de prendas de Prada, Vuitton, Dior, Saint Laurent, Gucci y otras grandes firmas pero últimamente se ha pasado a las creaciones de diseñadores emergentes o alternativos.

En Madrid costó reconocer la autoria de los modelos que utilizó, excepto el abriguito de Fendi con el que aterrizó y la colección de zapatos de Christian Louboutin que se calzó en las poco más de 24 horas que permaneció en España. Las suelas de laca roja no pasan desapercibidas pero, además, Rania escogió los modelos más especiales.

Frente al despliegue de diseño, la reina Letizia se replegó en sus cuarteles de invierno y echó mano de sus clásicos vestidos de Varela. El que lució en la ceremonia de bienvenida, uno rojo de lana con lentejuelas, tiene mal poner ya que por el tejido y la forma no puede ser utilizado como vestido de cóctel pero el 'brilli brilli' es demasiado para actos de día. Yo, de ella, lo devolvería al armario para que duerma en compañía de otras decenas de modelos que, sin saber porque, han sido retirados de la circulación y que, sin embargo, tenían mejor uso. El problema de doña Letizia no es que vaya mal vestida, aunque a veces tiene fallos, sino que en ocasiones va lo que se llama 'overdress', es decir demasiado vestida que es  tan malo como ir desarreglada o informal cuando no toca.

Casi todos los vestidos cortos de fiesta que le ha diseñado Felipe Varela son demasiado pretenciosos, a todos les sobra algo y una vez vistos son de difícil repetición: llaman mucho la atención y caducan enseguida. Algunos sin embargo, son necesarios en cualquier armario como el negro con lentejuelas que doña Letizia llevó en la cena que se ofreció a los reyes de Jordania. En ese encuentro, la Reina le ganó a Rania que se puso una especie de hábito de la firma Angona, la línea de mujer de Ermenegildo Zegna, con cristales en el cuello y las bocamangas que no pegaban nada con el cinturón dorado.

En su última aparición conjunta, el viernes por la mañana, doña Letizia apostó por un estilo chic que rozaba peligrosamente la línea que le separaba del uniforme de una institutriz: un traje chaqueta gris de Carolina Herrera correcto que acabó siendo más apropiado que el ‘look’ zíngara con el que se presentó Rania de Jordania, una blusa de domadora de osos y una falda plisada de la firma Proenza Schouler, formada por dos diseñadores estadounidenses que visten a las pijas a las que  no les gustan las marcas convencionales.

Doña Letizia y doña Rania nos han entretenido durante unas horas con un duelo ficticio  que no ha ganado ninguna, ni tampoco ha habido empate. En realidad no ha habido partido.

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