Corte y confección

Pierre Casiraghi no es príncipe pero merecía serlo

pierre casiraghi y beatrice borromeo

3 de agosto de 2017, 19:57

A falta de reyes buenos son príncipes, aunque no lo sean del todo. Mallorca es sinónimo de realeza y por la isla han pasado desde los príncipes de Gales, con sus hijos Guillermo y Enrique; los reyes (solo de título) Constantino y Ana María de Grecia; el rey Harald de Noruega, su hijo Hakoon con y sin Mette Marit; Kyril de Bulgaria que se casó, y luego se divorció de la mallorquina Rosario Nadal; Alberto y Paola de Bélgica, la princesa Brigitta de Suecia que vive todo el año en su casa de Santa Ponsa (Calvià); el príncipe Federico de Dinamarca, que disfrutó en la isla de su etapa de playboy, Farah Diva, viuda del Sha de Persia, y Noor de Jordania, viuda del rey Hussein, buenas amigas de la reina Sofía, sin olvidar la estancia de dos días de la reina Isabel de Inglaterra que cerró en Mallorca su visita de Estado en octubre de 1988.

En la primavera de 1956, el príncipe Rainero de Mónaco y Grace Kelly pasaron parte de su luna de miel en el hotel Formentor y este verano, como el anterior, uno de sus nietos, Pierre Casiraghi y su mujer, la bella y delicada Beatrice Borromeo, se han sumado a la nómina de realeza aunque el no sea exactamente un príncipe pero merecería serlo.

El hijo de Carolina participa en las regatas de la Copa del Rey a bordo del Malizia un catamarán volador, una embarcación que con sus diez metros de eslora (largo) y seis de manga (ancho) es capaz de alcanzar los 40 nudos (70 kilómetros por hora) de velocidad surca el mar como un torpedo con sus tripulantes vestidos como robocop con botella de oxígeno incluida para protegerse de las caídas. Una actividad de riesgo, que el hijo de Carolina de Mónaco y Stéfano Casiraghi afronta sin miedo pero con prudencia pues aún tiene dolorosamente presente la muerte de su padre, con solo 29 años, en un accidente náutico. Pierre se quedó huérfano con 3 años y es un calco de su padre no solo físicamente, al parecer tiene el mismo carácter afable y la clase italiana con las que Stéfano enamoró a la princesa Carolina. A diferencia de Andrea Casiraghi, de cuyo carácter irascible aún se tiene recuerdo en Ibiza y del que no se conoce actividad alguna más allá de compartir la vida, en Londres, con la multimillonaria colombiana Tatiana Santo Domingo y ayudarla en sus inversiones, Pierre trabaja en la empresa inmobiliaria perteneciente a la familia de su padre y vive en Milán y ejerce de italiano.

Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo han enamorado a todos cuantos se les han cruzado estos días en Palma porque además de ser jóvenes y guapos son extraordinariamente amables y educados, tanto que han logrado lo que muchos famosos pretenden conseguir con malos modos: que les dejen tranquilos. La pareja viaja con su hijo, el pequeño Stéfano, que solo tiene seis meses aunque el niño se quedó en la casa que los tripulantes del Malizia han alquilado durante su estancia en Mallorca.

Pierre y Beatrice son ricos y son famosos pero no parece que presuman de ello ni se comportan como tales y, en estos tiempos de vulgaridad y arrogancia, su presencia y actitud se agradecen.

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