Corte y confección

Pierre Casiraghi, la joya de Mónaco, brilla en Mallorca

Mariángel Alcàzar
Pierre Casiraghi

9 de agosto de 2016, 10:34

Hay que ver lo mucho que da de sí el pequeño principado de Mónaco. Este verano aún no hemos visto a la princesa Carolina navegando por el Mediterráneo a bordo del “Pachá”, el velero bautizado con el acrónimo (Pierre, Andrea y Charlotte) de los tres hijos que tuvo con el malogrado Stéfano Casiraghi, pero a cambio hemos podido comprobar en vivo y en directo el encanto de Pierre Casiraghi y la delicadeza de Beatrice Borromeo, que han pasado unos días en Mallorca. El hijo de Carolina se desplazó a la isla para participar en las regatas de la Copa del Rey a bordo del “Malizia”, un catamarán de los llamados voladores, porque como el bergantín de “La canción del pirata” de Espronceda, “no corta el mar sino vuela”. A los que vivimos la trágica muerte de su padre mientras competía en una prueba de lanchas rápidas, ver a Pierre montado en el catamarán, navegando a toda velocidad un metro por encima del mar, nos salió la vena maternal pensando lo que debe sufrir su madre cada vez que el joven compite. Encima del catamarán, los tripulantes llevan hasta un casco para protegerse de las caídas pero, aún así, no se podía borrar la imagen de Stéfano Casiraghi tendido en el agua con su mono protector al lado de su lancha semi hundida.

Pierre Casiraghi

El segundo marido de Carolina murió el 3 de octubre de 1990, cuando Pierre tenía tres años recién cumplidos. Ahora tiene casi 29, los cumple en septiembre, casi los mismos que tenía su padre y aunque durante su estancia en Mallorca ha dado sobradas muestras de amabilidad y cortesía, Pierre solo se alteró cuando alguien le preguntó si no tenía miedo a competir en pruebas extremas después de lo que le pasó a su padre.

La presencia del hijo de Carolina en Mallorca ha coincidido con su primer aniversario de boda con Beatrice Borromeo. Pierre llegó a Palma el 29 de julio para entrenar con sus compañeros de tripulación pero, al día siguiente, regresó a Milán al conocer el fallecimiento de Marta Marzotto, abuela de su esposa. Tras asistir al entierro, Pierre regresó a Mallorca y a pesar de haber dicho que su esposa no podría acompañarle, como estaba previsto, al final hubo cambio de planes y Beatrice viajó a la isla para seguir por mar las últimas regatas y acompañar a su marido en la entrega de premios.

De cerca, Beatrice es lo que parece una joven delicada y extremadamente educada que, además, no puede disimular su amor por el bello Pierre. La pareja compone una imagen envidiable, con un estilazo fruto de su buena crianza y también de la amorosa complicidad que desprenden. A diferencia de Andrea Casiraghi y su mujer, Tatiana Santodomingo, que pasean languidez y bohemia y cierto aire de tristeza, protegidos eso sí por los 2.000 millones de euros en los que se calcula la fortuna que Tatiana heredó de su multimillonaria familia, Pierre y Beatrice parecen frescos y ligeros, como recién duchados en agua de lavanda. Además Pierre trabaja en las empresas de la familia de su padre y Beatrice ejerce de periodista audiovisual.

Pierre y Beatrice son la mejor imagen de Mónaco y más allá y más si los comparamos a los titulares del Principado: ese Alberto, que aunque lleva cinco años casado sigue pareciendo un solterón, y esa Charlene, que no se sabe si está o ya se ha ido.

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