Corte y confección

Paz Padilla confunde el tocino con la velocidad

Mila Ximénez Paz Padilla
Paz Padilla

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Sálvame

12 de enero de 2017, 11:34

Por si alguien tenía dudas sobre el ambientillo que se vive en 'Sálvame' entre los colaboradores y la presentadora sustituta Paz Padilla, todo puede explicarse por el reciente rifirrafe entre Mila Jiménez y la cuentachistes (para ser humorista se necesita sentido del humor) a cuenta de una falta de ortografía detectada en un mensaje escrito en las redes sociales por Inés Rosales, perdón Irene Rosales, que siempre confundo a la mujer de Kiko Rivera con la señora de las tortas de aceite, será por la espesura.

La joven madre y esposa salió en defensa de la actuación de Kiko, quien, el día de la Cabalgata de Reyes, se lió a caramelazos contra el rey Melchor, pero al pedir perdón al rey mago escribió “señor Mercho” (sic) y Mila, con toda la razón del mundo, tildó de ignorante a Irene momento en el que Paz salió en tromba defendiendo el acento andaluz y, sobre todo, manipulando lo dicho y convirtiendo en burlas a una determinada forma de hablar lo que no eran más que críticas a la manifiesta incultura de Irene que, por cierto, es del mismo nivel que la de su marido quien da continuas patadas al diccionario, a la gramática y a la sintaxis cada vez que escribe un texto.

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Paz, confundiendo el tocino con la velocidad, se empeñó en justificar la falta de ortografía del escrito de Irene en base a que los andaluces se lían al escribir porque lo hacen fonéticamente. ¿Perdona?, como bien le apostilló Kiko Matamoros, el poeta Rafael Alberti hablaba con acento andaluz pero nunca se le escapó una falta. Seguramente los lingüistas tendrían mucho que decir y es cierto que existen palabras que pueden escribirse, entrecomilladas, tal como se pronuncian y modismos propios de Andalucía que bien colocados en un escrito aportan frescura al relato o simplemente describen mejor lo que se quiere contar, pero que Paz Padilla se ponga a defender la incultura no es de recibo para una presentadora de televisión y menos que extienda a todos los andaluces un nivel de castellano propio de otras épocas, de cuando lamentablemente a los jornaleros apenas se les daba la oportunidad de aprender a leer y escribir.

Y eso no fue todo, porque tras defender el “mercho” de la señora Rivera, Paz se puso como ejemplo de andaluza que no ha tenido que renunciar a su acento para trabajar en la televisión y no como otras, dijo, dirigiendo sus dardos de nuevo hacia Mila, nacida en Sevilla pero, afortunadamente, suficientemente leída como para vocalizar y que se la entienda. Paz no es desde luego el ejemplo de locutora con dicción impecable y nadie, por suerte para ella, le pide que oculte su acento o imposte su pronunciación pero, por favor, que no haga de su manera de hablar una reivindicación de identidad y menos aún que justifique que una mujer como Irene Rosales que ha tenido todas las oportunidades del mundo para estudiar no haya aprovechado el tiempo. Paz Padilla, nadie se burla del acento andaluz, ni de las personas que no tuvieron la oportunidad de ir al colegio y aún así se esfuerzan en aprender aunque al escribir lo hagan con faltas, sino de los niñatos y niñatas que prefieren vivir del cuento que ponerse a trabajar.

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