Corte y confección

Palomo Linares, historia de otra época

Mariángel Alcàzar
Con Marina Danko

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Toreros Muertes y fallecimientos de famosos

25 de abril de 2017, 12:52

Hubo un tiempo en el que los toreros protagonizaron la crónica rosa. Eran ricos y famosos y su popularidad salía de los recintos taurinos y se adentraba en sus fincas, llenas de cabezas de toro, donde siempre les aguardaba una hermosa mujer, sufridora en casa durante las corridas y quien sabe si también el resto del tiempo. Uno de esos toreros protagonistas fue Sebastián Palomo Linares, un profesional que empezó su propia dinastía y que, a imagen y semejanza de El Cordobés (padre), no nació en una familia de estirpe torera sino en un hogar humilde del que salió para matar el hambre a base de matar toros. Palomo Linares estuvo varias veces a punto de morir en el ruedo pero lo ha hecho en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Madrid, al sufrir un derrame cerebral irreversible tras haberse sometido a una operación de corazón cando estaba a punto de cumplir 70 años. Seguramente muchos se preguntarán el porqué de la repercusión de su desaparición e incluso puede que alguien no sepa ni tan siquiera quien era pero, junto a su exmujer Marina Danko, formó una de las parejas más famosas de España. Eran otras épocas y otros mitos.

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Palomo Linares era un hombre rudo y, como algunos toreros de su época, poco ilustrado, por eso sorprendió que una colombiana de buena familia muy guapa y muy joven acabara casándose con él cuando a penas salía de la adolescencia. Marina Danko aportó el glamour a la pareja y juntos protagonizaron cientos de reportajes, ella siempre estupenda y él, refinándose poco a poco. Tuvieron tres hijos Sebastián, Miguel, (los más conocidos), y Andrés, el más pequeño, y vivieron felices hasta que en 2011, Marina anunció la ruptura matrimonial después de que, según ella, el diestro la invitara a irse de la casa familiar al grito de “quiero estar solo y hacer mi vida”, así con dos orejas y un rabo.

Vete a saber la verdad pero si sorprendente fue, en su día, que Marina se casara con Palomo más incomprensible resultó que treinta y cuatro años después, el torero (lo son durante toda la vida aunque se retiren) echara de casa a una mujer que aún podía competir por un título de belleza. Ella se había dedicado al diseño de joyas y él, a la pintura y sea por la calidad de sus piezas o por su nombre, los dos habían conseguido seguir en candelero y tener una actividad propia con la que pasar las horas.

La idílica pareja se rompió a pedazos, los hijos quedaron atrapados en la pelea de sus padres y la disolución de la pareja acabó también por diluir la fama de Palomo y Marina. El se refugió en su finca y, en un primer momento, se relacionó con Lilia López, una multimillonaria venezolana, enriquecida con el chavismo, cuya hija Lilian Jimena, fue, según cuentan, la causa por la que Miguel Palomo Danko se separó de su mujer, Marta González, hija del torero Dámaso González y hermana de Sonia, la mujer del cantante Juan Peña, el preferido de Terelu, por dar más datos y ampliar el círculo. Palomo padre y Palomo hijo fueron captados por la madre y la hija venezolanas que derrochaban dinero bolivariano como si no hubiera mañana, pensando quizá que les colocarían alguna finca y de hecho Palomo hijo actuó de intermediario para que un hijo de Lilia López adquiriera por 25 millones de euros la finca “El Alamín” propiedad de Gerardo Díaz Ferran, ex presidente de la CEOE encarcelado por estafa.

Tras el frenesí venezolano, Palomo recompuso, más o menos, la relación con sus hijos y conoció a una juez llamada Concha Azuara a la que llevaba casi 30 años y con la que ha convivido los últimos cuatro en el "El Palomar”, la finca ubicada en Aranjuez (Madrid), que compró hace 44 años con el sudor de su frente y del de los toros y donde se esparcirán sus cenizas. Fin de una época.

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