Corte y confección

El misterio de los mellizos de Enrique y Anna

Enrique Iglesias
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Enrique iglesias y anna kournikova 3. Un embarazo muy misterioso

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Enrique Iglesias y Anna Kournikova 2. ¿Nacimiento natural?

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Isabel Preysler. Una curiosa reacción

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Enrique Iglesias y Anna Kournikova. Enrique Iglesias y Anna Kournikova: una relación de absoluto secretismo

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Enrique Iglesias y Anna Kournikova 3. Una fama desmedida

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Nacimientos bebés famosos

22 de diciembre de 2017, 10:35

No sé qué me da que en el nacimiento de los mellizos de Enrique Iglesias y Anna Kournikova hay gato encerrado. No solo porque la historia les ha venido de perlas para justificar la ausencia del cantante en la boda de su hermana Ana Boyer sino por que, en el mundo de las celebridades y más en Miami, donde hay un espía en cada esquina, es incomprensible que no se haya detectado el embarazo de la ex tenista. Vale, igual, la novia de Enrique Iglesias se ha pasado al menos ocho meses escondida y nadie la ha visto preñada, pero ¿tampoco ha pasado ninguna revisión médica?, ¿nadie de su entorno, el paseador de perros del vecino, por ejemplo, se ha ido de pico?. Y, en cualquier caso, ¿por qué hay que esconder un embarazo?. En unos tiempos en los que hay tantos famosos que optan por la maternidad subrogada, el misterio de Enrique y Anna da que pensar y el hecho de que sean mellizos refuerza la hipótesis de que, en vientre propio o ajeno, el niño y la niña fueron encargados en un laboratorio.

Pero si todo lo anterior es pura especulación (sin datos no hay afirmación posible, pero sí sospechas), lo que no admite dudas es la frialdad con la que la abuela paterna ha recibido la noticia de la llegada al mundo de sus dos nuevos nietecillos. Isabel Preysler ya es abuela de Alejandro, nacido en enero de 2002, tras solo 25 semanas de gestación, y Sofía, una niña que va a cumplir seis años y cuyo nacimiento fue también una sorpresa porque, al igual que el de sus primos Nicolás y Lucy, no estuvo precedido por un embarazo, al menos público.

La actitud de Isabel Preysler al ser preguntada por sus dos nuevos nietos añade misterio al acontecimiento. Puede que su hijo Enrique, el millonario de la familia, mucho más que su padre, Julio Iglesias, y quien financia ahora, o al menos hasta ahora o en parte, el nivel de vida de Isabel, le haya exigido silencio total y que, ni en broma, se le ocurra hacer comentarios sobre las criaturas. El secretismo con que Enrique Iglesias y Anna Kournikova llevan su relación, desde hace 16 años, es incompatible con la querencia de mamá Isabel por las exclusivas, todas muy elegantes y finas hasta la penúltima: la de la boda de Ana Boyer y Fernando Verdasco, un despropósito estilístico, un quiero y no puedo al que no se hubiera atrevido ni Chayo Mohedano.

Isabel Preysler regresó de Moustique, donde tuvo lugar la boda patrocinada de su hija, tres días después del enlace y pasó por Miami pero, aunque sus nietos estaban a punto de nacer, no se quedó junto a su hijo y nuera para compartir ese momento. Calla, que si no se quedó no fue por su condición de suegra sino porque tenía pendiente una sesión de fotos para una revista fina en compañía de Mario Vargas Llosa que, de nuevo, actúa de solícito novio y un poquito perrito faldero, la verdad, aunque eso sí, encantado de la vida.

La cuestión es que Enrique Iglesias ha ganado más dinero y tiene ahora más fama que su padre, pero no es ni la mitad de artista. No es que Julio tenga mucha voz, pero su hijo aún tiene menos (no hace falta que recordemos el bochornoso espectáculo de su último concierto en Santander), en realidad el hijo no es más que un producto prefabricado y muy bueno por cierto, dados la magnífica rentabilidad de sus producciones. Pero en la vida privada, Enrique Iglesias necesita ese secretismo para preservar un misterio que se desvanecería en cuanto se comportara como una persona normal.

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