Corte y confección

"Me arrepiento, padre, pero poco"

Mariángel Alcàzar
Isabel Pantoja
Gtres

20 de octubre de 2015, 09:27

Arrepentirse de algo suele ser un ejercicio masoquista, frente al que se sitúa la actitud de “a lo hecho, pecho”. Nadie sabe muy bien, si Isabel Pantoja se ha arrepentido al estilo cristiano, siguiendo el método confesionario que consiste en explicar tus pecados al cura y que, este, en nombre de Dios te perdone. A veces, en los rincones de las iglesias se confesaban cosas terribles y otras, nimiedades que, sin embargo, hacían pensar al pecador que de no pasar por el cura podría pasar toda la eternidad en el infierno. Pero era eficaz, llegabas con un pecado, te arrepentías, te perdonaban y a casa. En teoría debías tener propósito de enmienda, pero nunca te pedían certificado y, al día siguiente, podías volver y te volvían a perdonar.

No funcionan así las cosas en la justicia y si has cometido un delito, ni Dios te perdona, pero sí se tiene en cuenta el arrepentimiento, pero no el de boquilla o ante un cura, ni siquiera ante tus amigos, ni ante tus abogados o tu psicólogo,  el sino el que consta legalmente y cumple con todos los requisitos  

La carta de arrepentimiento que Isabel Pantoja dice haber firmado el 28 de noviembre de 2014, una semana después de su ingreso en prisión, no ha sido considerada por la Audiencia Provincial de Málaga como prueba de que, de verdad, la presa ya es consciente de que cometió un delito. En primer lugar, no consta en la causa judicial. Uno dicen que se perdió en la prisión, donde Isabel firmó y otros, por el camino a los juzgados pero la cuestión es que la Audiencia  ha denegado al concesión del Tercer Grado a Isabel Pantoja pues para obtener esa situación que obliga únicamente a pasar en la cárcel las noches de lunes a viernes, el preso tienes que cumplir una serie de requisitos. Pantoja, realmente, no planteó bien el proceso judicial al que se enfrentó y no sabría yo decir si es por su propia actitud o por la estrategia de la defensa. Maite Zaldívar, sin embargo, desde el primer momento decidió asumir su calvario, su responsabilidad y esperar que el paso del tiempo la sacara de la cárcel. Claro que la ex mujer de Julián Muñoz no es Isabel Pantoja pero, en este caso, mucho mejor para ella.

Debía saber Isabel Pantoja, para su tranquilidad, que la percepción general es que de lo que de verdad debería arrepentirse es de haberse juntado con Julián Muñoz, cuando ya toda España sabía que era uno de los hombres de Jesús Gil y no el más listo precisamente. A Muñoz, Gil, José Antonio Roca y los que de verdad mandaban le dieron las sobras, lo utilizaron poco menos que de criado y él, tonto, vanidosos y ambicioso, creyó que era uno de ellos. Dónde él se llevaba cien los otros se llevaban un millón.

Nunca entenderé como Isabel Pantoja, independientemente de la tribu familiar a la que deba sostener económicamente, quedó cegada, que no de amor, sino de ambición, cuando Muñoz, en pleno desatino de obsesión sexual y machista por conseguir su trofeo, la llenó de regalos a cual más sospechoso. Isabel tenía sus actuaciones con las que podía sostener un nivel de vida entre medio y alto, no era una artista más, era de las más cotizadas y cuando se le daban las cosas mal en España, siempre le quedaba América.

Qué mal lo ha hecho casi todo. No solo la elección de sus amores, sino en la gestión de su familia y de sus hijos, por no hablar de los criterios con los que elige a los gestores de su carrera artística. El de Isabel Pantoja no es un caso de mala suerte (excepto la triste muerte de su marido, Paquirri), el suyo es un caso de empecinamiento por no atender más criterio que el suyo propio, rodeada siempre de gente, muy, muy extraña.

 

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