Corte y confección

"Vargas Llosa ha tenido la prudencia de no posar con el tocado de los cuernos de reno, aunque quizá lo han disfrazado de Papa Noel"

Mariángel Alcàzar
Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler

29 de diciembre de 2015, 09:37

Las fiestas navideñas están llenas de tópicos y los famosos, famosillos y celebridades, en general, no se escapan. Las familias se juntan, como la de Isabel Preysler, matriarca de un clan que no tiene problemas en conseguir una ubicación de luxe para las celebraciones y, gracias a las redes sociales, contemplamos lo bien que se lo pasan en Miami todos juntos, con el añadido este año de Mario Vargas Llosa, el novio de mamá, que gracias a Dios ha tenido la prudencia de no posar con el tocado de los cuernos de reno, aunque quizá lo han disfrazado de Papa Noel.
El año que se cierra ha cimentado la leyenda de Isabel Preysler tras hacerse pública su relación con el escritor Mario Vargas Llosa, demostrando exactamente cual es el principio de su legendaria elegancia que consiste básicamente en hacer lo que quiere, situándose en el centro de su universo, pero siempre bien vestida y con una sonrisa en la boca.

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Hace un año, Isabel huía de los recuerdos y cruzaba el charco, en el avión privado de su hijo, Enrique, para pasar sus primeras navidades de viuda en Miami y este año ha hecho lo mismo, acompañada además de su particular premio Nobel. Dicen que la alegría dura poco en casa del pobre pero, por lo que se ve, en casa del rico son las tristezas las que tienen poca duración. Que Isabel Preysler le guardara solo unos meses de luto a Miguel Boyer sería lo de menos, tanto si el amor con el escritor llegó de forma repentina como sí, como dicen las malas lenguas, la relación entre Isabel y Mario vivía en la oscuridad hasta que, tras unos meses de duelo prudencial, salió a la luz. Lo incomprensible es que hayan conseguido, sobre todo Isabel, que la exhibición y promoción de su idilio haya pasado por alto todos los platos que han roto a su alrededor. Ellos sabrán y cierto es, como dijo Vargas Llosa, que a su edad (va a cumplir 80 años), hay que aprovechar el tiempo, pero tampoco hay que olvidar a todos los que te acompañaron en el viaje.
En todo caso, Isabel midió sus tiempos, con su innata habilidad para quedar bien haga lo que haga, pero el Nobel salió del armario conyugal en que convivía desde hace cincuenta años con su esposa, Patricia Llosa, con la furia de un adolescente. Parece mentira que un señor tan fino, elegante y culto dejara que su señora se enterara por las revistas de que el último ligue de su marido no era uno más. Aunque con los meses se han calmado las aguas, lo cierto es que don Mario más que como un hombre maduro y responsable actuó como un joven al que poco le importan los daños colaterales de su comportamiento. En el mejor de los casos, se le podría echar en cara que mientras le interesó tener una familia convencional mantuvo la farsa de su matrimonio. Y lo hizo, además, hasta que encontró una alternativa. Jo, que valiente.
En fin, en su pecado lleva la penitencia porque pasar las navidades en Miami con esa Chábeli Iglesias que ha llegado a confesar que no ha leído nada de Vargas Llosa porque solo lee en inglés tiene tela. Seguro que su tío Mario le ha puesto en el árbol “The Feast of the Goat” (La fiesta del chivo) y ella lo ha vuelto a envolver para regalárselo a su criada dominicana.

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