Corte y confección

María Teresa Campos se prepara para sobrevivir a Bigote

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30 de marzo de 2017, 10:50

El vía crucis de las Campos empezó en el mismo momento en el que pasaron, como Alicia, al otro lado del espejo. Estos días, con motivo del fallecimiento de Paloma Gómez Borrero, en Tele5 han pasado varios vídeos de su participación en 'Día a Día', el programa que María Teresa presentó desde 1996 a 2004 y en el que colaboraba la experta vaticana. Desde luego, a la Campos madre le hacía falta un estilista porque, teniendo 20 años menos que ahora, parecía si no más mayor, sí más antigua, pero precisamente por su naturalidad y ausencia de pretensiones, se la veía más fresca y actual que muchas presentadoras veinte o treintaañeras que entonces, y también ahora, pujaban por su puesto y se han quedado en el camino.

Por sus hijas, o por ella misma, porque ya no fluye el dinero como antes, porque el ego es un animal que no siempre podemos controlar, la presentadora, acompañada de sus hijas, Terelu y Carmen, se embarcó, o la embarcaron en 'Las Campos', y a partir de ese momento su intimidad, por más que le duela, ya no le pertenece. Aún no repuesta de los disgustos que le han causado los comentarios sobre el contenido del programa, ahora tendrá que enfrentarse a un nuevo reto: el aguantar los dimes y diretes acerca de la participación de Edmundo, Bigote, Arrocet en Supervivientes. Si el anuncio del próximo viaje de su novio a la isla de los famosos ya está provocando más debate que los prepuestos generales del estado, no quiero ni pensar qué pasará cuando empiece el programa. Y hay algo que no entiendo. Bigote vivió lejos de los focos al menos treinta años, un tiempo en el que no parecía necesitar la fama, y ahora, cuando podía vivir tranquilamente, su amor, o lo que sea, junto a la Campos, se sitúa voluntariamente en el punto de mira. Bigote y María Teresa debían fijarse en otra parejita madura, la formada por Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, que se pasa el día de la Meca a la Ceca disfrutando el uno y el otro.

En sus años dorados, como ella misma confesó en el reality familiar, María Teresa ganó mucho dinero, tanto que se pudo comprar el palacete en que ahora mora y otras propiedades. Su mansión no destaca tampoco por su estilismo y eso que la presentadora tuvo como interiorista a Jaime Fierro, (fallecido en 2009), amante de los palacios y las mansiones señoriales, que lo más moderno que colocó en una casa fue una lámpara de gas. Fierro era el decorador de todas las pititas de Madrid, amigo de las antigüedades, incluso de las que se movían, y era tal su pasión por grandes familias (a las que pertenecía por nacimiento) que incluso les alquiló por tres duros su casa de la calle Ortega y Gasset de Madrid a los duques de Lugo. Cuentan que cuando murió Fierro, sus herederos comprobaron que la infanta Elena y Jaime de Marichalar pagaban un alquiler ridículo y se lo quisieron subir y la parejita, muy digna, se fue a otra vivienda, la que había comprado Marichalar con la herencia de su tía Cocó. Los duques tenían dinero pero Fierro consideraba una ordinariez cobrar a tan ilustres personas.

A María Teresa, sin embargo, Fierro le cobró un pastón perdido entre tanta tela adamascada, tanta boiserie y tanta mesita auxiliar, pero sentirse como una marquesa tiene un precio y tener un novio al que se ha colocado en primer plano, también.

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