Corte y confección

María Lapiedra no engaña

María Lapiedra
Lapiedra 2

11 de enero de 2018, 17:07

Ya nadie se acuerda de “La chica del 17”, un bonito cuplé, escrito hace un siglo, pero de completa vigencia si lo aplicamos a algunas famosas de hoy en día de las que no se conoce el oficio pero sí el beneficio. Hace un siglo, la protagonista del cuplé despertaba sospechas en su vecindario porque nadie sabía de dónde sacaba para todo lo que destacaba; ahora las nuevas “chicas del 17” ya no engañan a nadie y, por más que se empeñen, no pueden disimular que sus ingresos proceden de sus trabajos como señoritas de compañía, amantes domiciliarias. Algunas, incluso, en busca siempre del contrato de su vida firman como novias y hasta como esposas de conveniencia y, así poder posar en revistas finas, como grandes damas.

No es ninguna novedad que muchos actores, hombres de empresa y, en general, machitos con ganas de presumir, busquen en determinados ambientes a señoritas dispuestas a ser sus acompañantes públicas. Algunos tratos no tienen porque ser despreciables, puesto que siguen la estela de los acuerdos de los grandes estudios de la época dorada de Hollywood cuando se buscaba una novia a algún actor gay, o, al revés, o, simplemente, se pretendía lanzar la carrera de algún artista casándolo con alguien que garantizara la ausencia de escándalos o con otro artista para de ese modo promocionar una película que protagonizaran juntos. Últimamente, sin embargo, son varios los famosos (hombres y algunos españoles) a los que vemos del brazo de mujeres curiosamente clónicas que parecen sacadas de una misma escuela de acompañantes discretas, poco habladoras pero con buen físico y, que, sobre todo, cumplan con el requisito de no complicarle la vida a la pareja. Si no existiera, que seguro que ya existe, sería un gran negocio montar una agencia de novias perfectas para hombres ya maduros que no quieren perder el tiempo en conquistas y que, sobre todo, se cansaron de mujeres que pensaran por sí mismas y optaron por buscar una especie de geisha que, a su vez, alcanza una vida de lujo con la única obligación de no dar el coñazo y servir a su señor.

Y, luego existen las “chicas del 17”, a las que les acaba de dar el disgusto de su vida con el cierre de la revista Interviú, un auténtico escaparate para famosillas que gracias a aparecer en esas portadas durante años alcanzaban la posibilidad de ser amante o quizá, algo más, de un adinerado comerciante de provincias. Una conocida vedette fue durante años la querida del dueño de una flota de camiones en Murcia que la contrataba todos los veranos para irse con ella en un crucero y presumir con el resto de pasajeros de que era su novia; unos años más tarde, el camionero la dejó por la presentadora de un concurso. Las dos fueron portada de Interviú, revista en la que también lucieron sus encantos mujeres que no necesitaban amantes pero sí liberarse de perjuicios morales o relanzar su carrera profesional.

María Lapiedra, la mujer de moda, es de las que no engaña, finalmente fue una profesional del cine de adultos y del erotismo a domicilio y ahora ya puede permitirse el lujo explotando su personaje en la tele, pero la lista de famosillas dedicadas a entretener a señores que luego se las dan de modelos o actrices sin que exista constancia de sus trabajos, es tan larga como impactante y no todas lo admiten como “la chica del 17”.



La chica del 17 de la plazuela del Tribulete
Nos tiene con sus toilettes revuelta a la vecindad.
La gente ya la critica,
Pues hace tiempo que no se explica
A dónde va la chica tan bien plantá
Por eso a las vecinas les da por murmurar
Y al verla tan compuesta le dicen al pasar:

La Chica del 17 lleva zapatos de tafilete
Sombrero de gran copete y abrigo de pedigrí
Los guantes de cabritilla
Medias de seda con espiguilla
Y viste la chiquilla como en París.
Por eso a las vecinas las da por murmurar
Y al verla tan compuesta le dicen al pasar:

Dónde se mete la chica del 17
De dónde saca pá tanto como destaca
Pero ella dice, al verlas en ese plan:
La que quiera coger peces que se acuerde del refrán.

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