Corte y confección

Mar Flores, llámala tonta

Mar Flores
Mar Flores

26 de noviembre de 2016, 08:00

Una de las declaraciones más impactantes de los últimos días ha sido la de Mar Flores aclarando que ella no le pide a los hombres la cuenta corriente antes de salir con ellos: tiene razón, yo tampoco lo haría pues sé perfectamente que todos los hombres con los que se ha relacionado la tienen muy abultada, la cuenta digo. Se duele Mar Flores de que se la considere una cazafortunas como si en su vida no hubiera dado sobradas muestras de estar interesada en caballeros que le garantizaran una vida, como poco en el primer plano y, además, acomodada. La verdad es que la pobre no siempre ha acertado y le ha tocado pasar algunas penitencias, pero a lo tonto a lo tonto, acaba de agenciarse un novio, Elías Sacal, mexicano y millonario, que la lleva de fiesta en fiesta.

Mediocre modelo pero muy guapa y, sobre todo, muy atractiva, Mar Flores aprovechó su temprana fama para casarse con un italiano que llegó como ejecutivo a Telecinco a quien, deslumbrada por su galanura y labia, le atribuyó la pertenencia a la aristocracia pues su nombre Carlo Constanza di Costiglione le debió sonar a conde o algo así. Cuando comprobó que el italiano carecía de fortuna y además le daba mala vida, que eso es mucho peor, le plantó y empezó una carrera que tuvo su punto álgido en su relación con Fernando Fernández Tapias, un empresario naviero a quien no hay que pedirle la cuenta corriente cuando en la primera cita te lleva en avión privado a Gstaad. Lo del naviero le salió mal porque perdió la cabeza por Alessandro Lequio a quien también se acercó por ser vos quien sois, aunque en este caso el italiano lo tenía todo menos la lealtad. No tuvo en cuenta Mar que su lío con Lequio le iba costar caro pues Fernández Tapias se enteró y se acabó el pastel, los yates, los aviones privados, la mansión con mayordomo y todo de lo que, en la actualidad, disfruta Nuria González que, más lista y prudente, acabó casada con el magnate.

Mar Flores tocó fondo con la publicación de sus fotos con Lequio en la cama que vieron la luz cuando ella pretendía convertirse en condesa de Salvatierra de la mano de Cayetano Martínez de Irujo. Podía haber pasado a peor vida pero allí estaba Javier Merino para salvarla, él que siempre la quiso y que aunque no pudo tenerla cuando ella podía elegir pretendiente supo esperar su momento 'Black Friday'. Cuatro hijos y el disfrute de una fortuna considerable permitieron a Mar pasar los casi veinte años con relativa comodidad, pero contando los días como quien está en Alcalá Meco. Esa es la impresión que da, al menos. Como si Mar Flores hubiera aceptado que para redimirse no tenía más remedio que pasar por la penitencia de su matrimonio con Merino, un hombre que siempre parecía triste y a quien la crisis y otras menudencias han mermado su fortuna y, por tanto, sus encantos.

Un buen día Mar Flores, consciente de las fortunas que se movían por el mundo y de que ella estaba a un tris de dejar de ser arrollada por mujeres igualmente bandera pero más jóvenes, decidió volver a escena y mira tú por donde se da de bruces con Sacal que es rico, rico, pero muy rico y además no es triste como Merino, la lleva de feria en feria como hacía Fernández Tapias y, por si fuera poco, le puede dar en la cara a todas aquellas que la creían hundida, en un buen sofá y en una casa estupenda, pero hundida. Con lo que ha aprendido de sus errores y si logra quedarse con Sacal o con parte de su fortuna, Mar puede pasar los buenos años que aún le quedan como una celebridad cosmopolita, presumiendo de novio y de posición, olvidándose de que salió del barrio de Usera mientras mira el panorama desde su ático de Park Avenue en Nueva York. Llámala cazafortunas, pero no tonta.

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