Corte y confección

Mar Flores no deja escapar a Elias Sacal

Mariángel Alcàzar
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Mar Flores y Elías 2. Mar Flores y Elías Sacal siguen juntos

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Mar Flores y Elías 4. Paseo por Madrid

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Mar Flores y Elías 3. Visita

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Mar Flores y Elías 1. Nueva vida sin su ex

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Mar Flores y Elías. De cinco estrellas

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Mar Flores. Mar Flores, con un look muy elegante

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Parejas famosos Matrimonios famosos

23 de marzo de 2017, 09:04

Menudo alivio, Mar Flores y Elias Sacal siguen juntos. Las mentes envidiosas, con toda seguridad, lanzaron que la pareja estaba en crisis y no faltaron quienes se alegraron de una ruptura que ponía en peligro el plan de pensiones de Mar, calificada a menudo de modelo y actriz a pesar de que estas actividades profesionales nunca han opacado su verdadera vocación: la de vivir a cuerpo de reina.

Mar es de esas mujeres a las que la edad ha mejorado. No debe haber cumplido aún los 50 y hay que reconocer que está en su mejor momento, una vez ha superado esa etapa en la que no podía disimular sus deseos de querer aparentar una clase de la que carecía en sus inicios. Muchas lo intentaron pero solo ella, y alguna otra, es verdad, lo ha conseguido, se ha ido refinando hasta parecer elegante y sigue siendo guapa y alta. Mar resulta irresistible para muchos hombres y ella, lo sabe. No lo sabía hace años cuando se hizo un lío al cargarse su bien elaborado plan de emparejarse con el maduro empresario Fernando Fernandez Tapias, por caer en brazos de un amante italiano y aristócrata sin presumir de ello, como Alessandro Lequio. Un error imperdonable que la devolvió a la casilla de salida cuando, de jovencita, creyó que Carlo Constanza de Castiglione era un buen partido y un poco más y le parte el espinazo.

Hacia los 30 años, Mar se rindió y aceptó la propuesta de matrimonio de Javier Merino pero no era ese su destino sino una meta volante. Cuatro hijos (más el que tuvo con su primer marido) no fueron suficientes para llenar su alma inquieta y eso que tiene mérito pasarse casi veinte años intentando convencerse a sí misma de que lo suyo era un matrimonio convencional y lucir hermosa para su santo esposo.

Merino nunca pareció un hombre para Mar. Demasiado huraño, demasiado triste, quizá no tan rico, nunca dio la impresión de sacar pecho por el hecho de ser quien, entre tantos candidatos, finalmente, había conseguido llevarse a Mar a sus cuarteles de invierno y retirarla de la vida mundana. Probablemente Merino la quería de verdad porque nunca presumió de mujer y eso que podía y probablemente es eso lo que dejaba a Mar vacía. Es como si no le hiciera la suficiente propaganda, como si no le hiciera caso. Hay hombres que tienen mujeres hermosas por dar envidia a otros hombres y hay mujeres que quieren que sus maridos las luzcan como trofeos para que otros hombres quieran conquistarlas. Vete tú a saber, lo único cierto es que Mar acabó abandonado a Merino y ahora pasea por todo el mundo, en las mejores fiestas y los escenarios más lujosos, de la mano del multimillonario mexicano que, además, encaja precisamente con su modelo de hombre, no solo por la pasta, que también, sino porque se nota que está encantado de la vida, presumiendo de pareja. No importa ya los años que Mar ha pasado perfeccionando su personaje, la ves ahora y está claro que nadie diría que salió del barrio de Usera con el único bagaje de su ambición y su perturbadora presencia.

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