Corte y confección

Los secretos de la Baronesa

Borja Thyssen Blanca Cuesta
Familia Thyssen
Pedro Pernía

23 de junio de 2015, 08:45

Carmen Cervera, baronesa Thyssen, es, a sus 72 años,  una mujer con grandes secretos. El sábado 20 de junio apareció feliz en Madrid en el bautizo de su nieta, Kala, junto a su hijo, Borja, su nuera, Blanca Cuesta, y sus otros tres nietos Sasha, Eric y Enzo, con quienes se reconcilió hace un año después de un periodo en el que no solo dejaron de relacionarse sino que, incluso, se lanzaron los unos a los otros demandas y acusaciones a costa de la titularidad de obras de arte y lo más patético, origen de todos los conflictos, la exigencia de la baronesa de que su nuera Blanca Cuesta demostrara que sus hijos también lo eran de Borja.

 Ahora, todo parece olvidado por el bien de la unidad familiar. El primer misterio, sin embargo, es porqué dejaron al margen de la celebración familiar a las otras dos hijas de la baronesa, las gemelas Carmen y Sabina, unas niñas nacidas en 2007, en Estados Unidos, de un vientre de alquiler.

Las niñas llegaron al mundo un año antes del nacimiento de Sasha, el primer nieto de la baronesa, pero, a pesar de que su madre las muestra regularmente en algún reportaje (inolvidable su primera aparición pública en su pabellón, pintado todo de rosa, ubicado en la propiedad de Carmen Thyssen en Sant Feliu de Guixols) nunca han aparecido el público con el resto de la familia. Las infantitas Thyssen hacen vida aparte mientras su hermano Borja ejerce de príncipe heredero ahora desde que se ha reconciliado con su madre.

Las razones por las que Carmen Thyssen decidió ser madre de nuevo cuando ya tenía 64 años sigue siendo otro de sus grandes misterios. Con esa doble maternidad, Tita dividía por tres la fortuna de la que hasta ese momento el único heredero era Borja, el hijo nacido en 1980 de su relación con el publicista Manolo Segura que, posteriormente adoptaría legalmente el barón Heini Thyssen, con quien Tita se casó en 1985. El parecido de Carmen y Sabina con su hermano Borja abona todo tipo de especulaciones pero la única certeza es que son legalmente hijas de la baronesa, lo que verdaderamente importa a efectos de reparto de herencia. Cuando las niñas nacieron, Carmen Thyssen andaba empeñada en separar a su hijo Borja de Blanca Cuesta a quien protegió durante años hasta que la pareja anunció que quería casarse.

No lo logró, Borja y Blanca se casaron y, en los últimos siete años han tenido cuatro hijos, de modo que Carmen Cervera no ha tenido más remedio que rendirse ante la evidencia. Puede que a ella no le guste su nuera pero está claro que a su hijo, sí.

La baronesa ha tenido una vida extraordinaria, sobre todo desde que, tras sus bodas con Lex Barker y Espartaco Santoni logró lo que pretendían las cazafortunas de medio mundo: casarse con el barón Thyssen que la cubrió de joyas y fortuna y con quien construyó una fama de mecenas y coleccionista de arte que, sin embargo, esconde otros grandes misterios como son los términos exactos de la venta de la colección Thyssen, origen del museo de Madrid, y los sucesivos préstamos y cesiones de su colección particular.

Por si no fueran pocos los misterios, la reciente muerte del magnate de Hollywood Kirk Kerkorian, a los 95 años,  ha sacado de nuevo a la luz la relación que Tita Thyssen mantuvo con él y que, en su día, destapó Espartaco Santoni en sus memorias. Kerkorian fue amigo y protector de Carmen Cervera desde que ella llegó a Hollywood de la mano de su primer marido, Lex Barker y su relación duró décadas hasta que Tita se convirtió en baronesa.

Si Carmen Cervera se hubiera quedado en Hollywood con Kerkorian también hubiera sido multimillonaria pero nos hubiéramos perdido su imagen de abuela feliz. Una estampa que, sin embargo, esconde grandes secretos.  

 

 

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