Corte y confección

Los Rivera y los Pantoja, en el hospital

Mariángel Alcàzar
Rivera y Pantoja

13 de agosto de 2015, 08:48

Este verano parece que más que en las playas donde se centra la actualidad de los famosos es en los hospitales. Del Infanta Luisa, en Sevilla, donde Isabel Pantoja pasa una reclusión más llevadera de la que tocaría vivir en su celda de la cárcel de Alcalá de Guadaíra, al hospital Quirón, en Zaragoza, donde Francisco Rivera Ordóñez intenta superar la grave cogida que sufrió el pasado lunes en la plaza de toros de Huesca. Los Rivera y los Pantoja, de nuevo, unidos por la desgracia. Y, en medio, Francisco Rivera Pantoja, con la madre y el hermano hospitalizados y él, a por uvas.

Lo de Francisco Rivera ha sido mala suerte, o no, porque lanzarse de nuevo al ruedo, a los 41 años,  tras su retirada, hace ahora dos años, puede calificarse de riesgo innecesario. A punto de ser padre por segunda vez, el hijo mayor de Francisco Rivera, Paquirri, y Carmina Ordóñez ha sufrido la peor cogida de su carrera como torero y, paradójicamente, ha sido la muerte de su padre, hace ya más de 30 años en la plaza de Pozoblanco (Córdoba) la que le ha salvado la vida. Desde la trágica cogida de Paquirri, que se desangró en la ambulancia que le trasladaba a Córdoba, todas las plazas de toros están obligadas a habilitar un quirófano y a contar con un cirujano para atender a los toreros “in situ”. Esas medidas han salvado la vida a muchos diestros, aunque más efectivo hubiera sido cerrar las plazas de toros, aunque esa es otra cuestión.

Francisco Rivera siempre ha sido más famoso por sus hazañas fuera de los cosos que por sus faenas en el ruedo. No hay duda de que es el torero que más sale en las revistas, seguido de Enrique Ponce, por el tirón de su mujer, Paloma Cuevas, y Ortega Cano, que ya no ejerce de torero pero sigue haciendo faenas. Los toreros siguen siendo conocidos pero ya no están en primera línea de las celebridades como lo estuvieron las figuras del toreo que les precedieron; ahora los ídolos de moda ya  no se juegan la vida.

Francisco Rivera Ordóñez ya nació famoso, hijo y nieto de toreros, se lanzó al ruedo a los 20 años y aunque nunca fue un verdadero artista de los ruedos se mantuvo en los carteles por el tirón de su apellido y por sus faenas de aliño: es decir cumplía con el fin de matar al toro, pero sin esforzarse demasiado. Donde sí ha sido un fenómeno ha sido en sus faenas fuera del ruedo; a los 24 años se casó con Eugenia Martínez de Irujo y se convirtió en duque de Montoro y en el yerno favorito de la fallecida duquesa de Alba, claro que no tuvo otro porque Cayetana tenía una sola hija que solo se ha casado una vez. El matrimonio con la duquesita acabó pronto, al parecer, por la afición de Fran a torear en todas las plazas y al diestro se le atribuyeron las más variopintas aventuras amorosas, incluida la vivida junto a Lolita, según se rumoreó en su día y que hace poco confirmó Charo Vega, amiga íntima de Carmina Ordóñez y de la hija de Lola Flores. Tras su ruptura con Eugenia, Fran Rivera se hizo novio de Blanca Martínez Irujo, prima de su ex, no sin antes haber tonteado con Carla Goyanes, hija Cari Lapique. Después salió con la miss Elisabeth Reyes y con la bailaora Cecilia Gómez, hasta que conoció a Lourdes Montes, una niña bien de Sevilla, con la que se ha casado dos veces (por lo civil y por lo religioso, tras anular su boda con Eugenia) y con quien está a punto de ser padre de una niña que se llamará Carmen, como su difunta abuela.

Tranquilo ya en su vida de casado y retirado de los ruedos del amor y de los toros, Francisco Rivera debía encontrar a faltar el riesgo y anunció su regreso a los ruedos, con tan mala fortuna de encontrarse con el cuerno de un toro hurgándole las tripas en la plaza de Huesca. Un accidente de trabajo que le mantiene hospitalizado en un centro privado de Zaragoza a donde fue trasladado desde el hospital de Huesca donde quedó ingresado tras la operación de urgencia en la plaza de toros. Su hermano Cayetano y su mujer, Lourdes Montes, a punto de dar a luz, se desplazaron a Zaragoza para verlo y para cumplir con la obligación que todo familiar que se precie de serlo debe cumplir. No es el caso de los familiares de Isabel Pantoja que no aprovechan la ocasión de poder estar junto a ella ahora que, gracias a los dos permisos extraordinarios por enfermedad, no está sometida a las restricciones de visitas que imperan en la cárcel.

La historia de los dos Francisco Rivera, uno Ordóñez y otro Pantoja, ha sido muy diferente. Uno es guapo y torero y el otro, no.    

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