Corte y confección

Los otros hombres de Ana Obregón

Mariángel Alcàzar
Ana Obregón

19 de enero de 2016, 10:30

Un post no es suficiente para recorrer la biografía de Ana Obregón, de modo que siguen aquí alguna que otra historia que la actriz no incluyó en la fantasiosa versión de su vida que le contó a Bertín Osborne quien, por cierto, también ocupó un espacio en ella.

Hace años, Ana Obregón explicaba que su hijo, Alejandro, era tan listo que se sabía la lista de sus apellidos, del Lecquio García al Borbón, de memoria y, tal como es ella, apostillaba: "No sé quién se lo habrá enseñado, seguramente su bisabuela, la infanta Beatriz", encantada de la vida de haber dado a luz un tataranieto de Alfonso XIII.

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De lo único que puede presumir realmente Ana Obregón es de haber emparentado con la familia real, pero no de haber ligado con Alberto de Mónaco. Ana Obregón ha explotado hasta la saciedad unas fotos que se hizo con Alberto de Mónaco pero fue ella la que se acercó a él y no al revés. La actriz y presentadora acudió a Mónaco invitada por una firma que patrocinaba un torneo de golf en el que participaba Severiano Ballesteros. Ana se pegó, cual lapa, al campeón de golf y logró entrar con él en el Sporting Club de Montecarlo donde se celebraba la cena de gala. Simulando ser la pareja de Ballesteros, que no daba crédito, logró ser presentada al príncipe Rainiero y, literalmente, se le colgó del brazo, hasta que este, todo un caballero, se la traspasó a su hijo Alberto. Ana aprovechó su momento y también el fotógrafo que seguía sus andanzas.

No todas las relaciones, reales o imaginarias, de Ana Obregón han tenido tanto glamour. También ha vivido algunas historias oscuras, de las que por supuesto no dijo ni mú en su entrevista con Bertín, como la que mantuvo con Miki Molina que, además, dio vida a su novio macarra en la serie “Ana y los Siete”. En el programa “Ratones coloraos”, que Jesús Quintero presentaba en la televisión andaluza, Ana tuvo los santos “webs” de asegurar ante el presentador, con más cara de póquer que nunca, que su escena de amor (por decirlo finamente) con Miki Molina que captaron unos paparazzi y que se había publicado, por aquel entonces, en una conocida revista, no era lo que parecía, sino la cordial despedida de dos amigos.

Ana, que a lo mejor se cree sus propias mentiras, argumentó que, a pesar de que en las fotos se la veía con la cara desencajada, tendida en el asiento semi recostado y conMiki Molina encima suyo, resultaba del todo imposible que estuvieran realizando prácticas amatorias, dado que ella estaba vestida. ¡Jesús!, debió de pensar Jesús Quintero.¿Es cierto lo que escuchan mis oídos?Posí. Ana Obregón siguió impertérrita intentado convencer a su interlocutor, y a la audiencia en general, que ella nunca hubiera hecho nada en un coche, porque es muy decente y muy señora. Pues si de sus amigos se despedía de aquella manera, no sé yo como se despedirá de sus amantes. Miedo me da.

Uno de sus últimos “amigos” fue el joven polaco Dariusz Miroslaw Dabrowski, más conocido como Darek. El muchacho, de 29 años, frente a los 55 de ella, trabajaba de modelo o algo parecido, y Ana se lo llevó a casa, corrió con los gastos y se paseó con él luciendo novio guaperas, emulando, salvando las distancias, a los protagonistas de “Dulce pájaro de juventud”. Pero, al final el chico se cansó o consiguió lo que quería, hacerse famoso y ella, muy señora, eso sí, le acusó de deberle dinero. Ana, Ana, acuérdate de Santa Rita que lo que se da, no se quita. Ante Bertín Osborne, Ana dijo no recordar el nombre del pobre Darek. Con tanta fantasía en su cabeza, no cabe ni un gramo de cruda realidad.

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