Corte y confección

Los Matamoros marcan tendencia: los conflictos familiares están de moda

Kiko Matamoros Makoke Laura Matamoros Javier Tudela Diego Matamoros
Kiko Matamoros y Laura Matamoros

27 de febrero de 2016, 16:24

Cuando se trata de hablar de líos familiares es muy útil recurrir al párrafo con el que León Tolstoi empezó la novela Ana Karenina: “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Desde hace ya algún tiempo están de moda los conflictos protagonizados por padres, hijos, hermanos e incluso abuelos y cuanto más cruentos mejor. Los engaños amorosos ya no venden y mucho menos, por supuesto, las situaciones en las que reina la armonía.

Tras los conflictos entre los deudos de Rocío Jurado (que siguen, pero ya  no están en primera línea) y las desavenencias entre los Pantoja (ahora en torno al bautizo de Ana Rivera) llega ahora -bueno ya lleva algunas semanas-, el culebrón Matamoros, el más salvaje de todos por el tono de los reproches y porque hay ocasiones en las que piensas que no puede ser verdad y quizá todo es un montaje y en el que los protagonistas, a falta de un trabajo estable, siguen un guión que les permite ganarse la vida.

 Meter a Laura Matamoros (hija de Kiko y de Marian Flores) en la casa de 'Gran Hermano VIP' junto a Javier Tudela (hijo de Makoke, mujer de Kiko, y de su primer marido llamado como el niño) es un acto de perversidad manifiesta que no deberían haber admitido jamás ni Kiko, en el caso de Laura, ni Makoke, en el de Javier. Que los jóvenes pretendan ganar un dinero fácil en la televisión puede entenderse, pero que sus padres lo alienten y alimenten sabiendo como saben que los dos pueden acabar destruidos es incomprensible. Además, en la familia tienen el precedente de Diego Matamoros, hermano de Laura, que una vez subido al circo cada vez tiene que ofrecer un salto más alto y, por tanto, más arriesgado. Las cosas que se han llegado a decir esa familia ante las cámaras de televisión, dichas por otra familia en la intimidad de su comedor, provocarían un altercado en que tendría que intervenir la policía. Los Matamoros, sin embargo, no se cansan de pelear y siguen día tras día: será que les va la marcha y, sobre todo, o no tienen vergüenza o nos toman el pelo.

Sus cenas de Navidad serán de lo más entretenidas, casi tanto como las de la familia Tejeiro. Ana María, casada con Diego Torres, ex socio de Urdangarin en el Instituto Nóos, se sienta en el banquillo de los acusados junto a uno de sus hermanos hermanos, Marco Antonio, contable de la empresa, quien, a cambio de pactar con el Fiscal contar todo lo que sabe, ha visto rebajada su petición de cárcel. Otro hermano, Miguel, fue absuelto antes de empezar el juicio pero acudirá como testigo y como testigo, como diría Chus Lampreave en 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' (aunque ella se refería a los de Jehová) no podrá mentir. Mientras tanto Diego Torres acusa a Miguel Tejeiro de todos los tejemanejes de Nóos. Eso sí es un mal rollo entre cuñados.

Tampoco Urdangarin, casado con la infanta Cristina, tiene buenas relaciones con su cuñados Felipe y Letizia, aunque todo tiene arreglo. Lo que ya no tiene solución es el conflicto de los Sánchez Vicario, tras la muerte de padre de la tenista que desde hace algunos años sufría Alzheimer. Arantxa, que acusó a sus padres de haberla arruinado  y a los que llevó a los tribunales por haber perdido el dinero que ella ganó en las canchas, viajó a Barcelona desde Miami, donde vive con su marido José Santacana y sus dos hijos, Leo y Arantxa, para despedirse de su padre; estuvo unas horas en el hospital donde estaba ingresado y regresó a Estados Unidos, de donde volvió con la intención de asistir al entierro.  No ha podido ser, porque Arantxa fue expulsada del tanatorio por dos de sus hermanos, Marisa y Javier, mientras su madre caía desmayada. Un drama vamos. Los lazos familiares a veces atan y en ocasiones, ahorcan.

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