Corte y confección

Lo que entra en casa de Isabel, en casa de Isabel se queda

Mariángel Alcàzar
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5 de abril de 2016, 09:13

No teníamos bastante con el pleito entre Isabel Pantoja y Dulce a cuenta de las pertenencias que ésta última se dejó en Cantora, que ahora hay que sumarle el anuncio de que Laura y Miguel, hijos de Miguel Boyer y Elena Arnedo, tienen en mente reclamar a Isabel Preysler algunas pertenencias de su padre, fallecido el mes de septiembre de 2014, que consideran que les corresponen por herencia. Parece que se cumple el principio de que “lo que entra en casa de Isabel, en casa de Isabel se queda”.

La cantante no quiere que Dulce, la niñera de sus hijos, Kiko y Chabelita, y ahora al servicio de ésta última, recoja las cosas que se dejó en “Cantora” cuando fue despedida fulminantemente, hace un par de años, cuando cuidada de la entonces embarazada Chabelita mientras su madre estaba actuando en América. Pantoja cree que algunos objetos que la niñera considera suyos, como fotos de Kiko y Chabelita, son propiedad de la familia y según ha explicado Antonio Rossi en “El programa de Ana Rosa”, hace unos días logró atravesar la cancela de la finca para recoger sus cosas pero se las tuvo con la señora de la finca. Dulce le dijo a Isabel que era muy mala persona y la otra le contestó acusándola de vivir a costa de la familia; no llegaron a las manos porque las separaron Juan y Agustín, hermanos de la cantante. Qué buen rollo.

No parece que Isabel Preysler y los hijos de su marido vayan a llegar tan lejos, aunque quién sabe. Cuando Boyer abandonó a su mujer, Elena Arnedo, los hijos no se lo tomaron bien, una situación que recuerda la que ahora mantienen Gonzalo y Morgana Vargas Llosa, y se produjo un distanciamiento familiar que, con los años, se alivió pero no acabó de curarse.

Miguel Boyer no se murió de repente, lo hizo poco a poco y en unas condiciones que le permitieron redactar un testamento en el que dejara escrito que legaba a cada uno de los miembros de su familia, desde su mujer, Isabel Preysler a sus hijos Laura, Miguel y Ana, así que resulta difícil que, aunque estén enfadados, los dos mayores puedan recuperar bienes, e incluso parte de la residencia familiar, sobre los que consideran tener derechos de herencia, si su padre los adjudicó a su otra hija o a su mujer.

Cuentan que Miguel Boyer llegó a casa de Isabel Preysler con una maleta, pero no lo hizo a la mansión de Puerta de Hierro; popularmente conocida como Villa Meona, por la cantidad de cuartos de baño, sino a la residencia ubicada en el número 1 de la calle Azca, en el barrio de El Viso, en Madrid, una propiedad que Isabel recibió tras divorciarse de Carlos Falcó, marqués de Griñón. Poco después, Boyer vendió su casa e Isabel la suya para construirse la mansión de Puerta de Hierro en unos terrenos que habían pertenecido a Fernando Fernández-Tapias. La residencia es propiedad de Isabel y si Miguel le legó su parte o se la regaló en su día, solo él sabía las razones y ya no las puede explicar. No parece que ese sea un cabo suelto en la vida de Isabel.

Puede que Miguel Boyer llegara a la primera casa que compartió con Isabel con una maleta, pero consta en las hemerotecas que, una vez levantada la mansión de Puerta de Hierro, el ex ministro instaló sus libros en la superbiblioteca montada al efecto en una de las salas de la planta baja y también se llevó, al menos, un cuadro en el que aparecía con su madre que ha sido fotografiado en numerosas ocasiones. No sé si Laura y Miguel quieren recuperar algunos de esos objetos, o si no les gustan los que les han tocado en el reparto pero una cosa está clara, ver al novio de la viuda de tu padre sentado en el mismo sillón del mismo salón y con los mismos libros de fondo que pertenecieron al difunto no hay hijo que lo aguante. Vargas Llosa promocionó su libro “Cinco esquinas”, que por cierto no está a la altura de su obra, con entrevistas y fotos hechas en la biblioteca que habitó Boyer. No fue una buena idea. El Nobel cree que la fuerza de su amor por Isabel Preysler justifica todos sus actos, pero no cuenta con que hay damnificados, como su aún esposa, Patricia Llosa, sus hijos o los hijos de Boyer, a quienes puñetera la gracia que les hace el romance.

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