Corte y confección

"Lo mejor de la boda de Eva y Cayetano fue el haber celebrado una boda como las de antes, con las vecinas jaleando a los novios y participando del acontecimiento"

Cayetano Rivera Kiko Rivera Eva González Francisco Rivera
Cayetano y Eva salen de la Iglesia sonrientes y ya como marido y mujer

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Boda Eva González y Cayetano Rivera

7 de noviembre de 2015, 10:38

Hay que ver lo que nos gusta una boda. No hay ningún otro tipo de acontecimiento, protagonizado por famosos, que genere tanto interés. No hay quien se resista a ver pasar a una novia aunque no la conozcas de nada. Antiguamente existía la costumbre de adornar los portales de las casas, incluso las de pisos, por donde iba a salir una novia y las vecinas esperaban en la acera para jalearla e incluso los viandantes, que al ver las flores en el frontis de la puerta, se paraban también para gozar del espectáculo. Dicho esto, a quién le extraña que el viernes entre las 12 y la 1 del mediodía, el paseíllo de los invitados, y el de los propios novios, hacia la iglesia de la Asunción de Mairena del Alcor donde se iban a casar Cayetano Rivera Ordóñez y Eva González Hernández, se convirtiera en un espectáculo global.

Los vecinos del pueblo se tiraron a la calle como solo lo hacen las personas que aún quieren vivir en comunidad: el chafardeo si no es en grupo no es chafardeo.  Lo mejor de la boda de Eva y Cayetano fue el haber celebrado una boda como las de antes, con las vecinas jaleando a los novios y participando, de alguna manera, del acontecimiento. De regalo, además, el ver en vivo y en directo los personajes que conocen por las páginas de las revistas y los programas del corazón. Por delante de sus narices, de las de los vecinos y, sobre todo, vecinas, pasaron todos los hermanos del novio, desde Kiko Rivera, tan peripatético como siempre, a quien el chaqué le quedaba como a un Cristo un par de pistolas, que diría mi abuela, y los dos Julián Contreras, padre  e hijo, que vistieron su dejadez con un traje gris que aún les hacía más desmadejados. Y luego, Francisco Rivera con su chaqué y chistera y su apropiada esposa elegante, a la par que entregada a la causa de la pareja feliz. Cualquiera de los hermanos de novio tiene una historia así que su paso por Mairena de Alcor fue un gozo para las vecinas que, por supuesto, se sabían la vida de todos ellos con todo lujo de detalles. Las mejores cronistas de la vida social son esas vecinas que, por supuesto, controlan más que nadie y que son, a su vez, el sostén que precisa todo famoso o famosillo que se precie. Sin el interés y el marujeo, ni los personajes ni los que escribimos sobre ellos tendríamos nada que hacer.

Las invitadas se curraron el estilismo. Nadie fue especialmente elegante pero, contrariamente a lo que ha pasado en bodas más pretenciosas, nadie fue especialmente mal. Vale, algunas no se dieron cuenta de que los trajes se arrugan y otras, como Vicky Martín Berrocal, olvidaron la máxima de que menos es mas. Pero en general no se vio ningún horror y eso siempre se agradece.

El novio, como siempre, guapo y apuesto aunque sigue encerrado en una personalidad inquietante. No sabría decir si es inteligente o moderado, si es simpático o soso, Cayetano es toda una incógnita pero parece buen chaval. Finalmente para personalidad arrolladora la de la novia, simpática y cercana aunque dicen que cuando se enfada es terrible. El día de su boda mostró su mejor cara; no era para menos, aunque durante años mostró su desinterés por una boda, cuando llegó el momento estaba más que encantada. Su vestido de novia, alta costura de Pronovias, era de los más bonitos que se han visto en los últimos años, absolutamente apropiado para el momento, el lugar, la edad y el estilo de la novia. Todo el conjunto, incluidas las joyas de Suárez, el peinado, el ramo, todo absolutamente era armónico, elegante, estiloso y digno de ser, sino copiado, al menos imitado por esas novias que se casan con trajes que no son más que vestidos de fiesta de Nochevieja. Si te casas, que se vea claramente que eres la novia y Eva González lo logró.

Aunque la pareja, a veces, ha provocado algo de pereza, lo cierto es que cabe felicitarles por la manera en la que han celebrado la parte pública de su boda. Han puesto Mairena de Alcor en el mapa, han compartido su felicidad con los vecinos y se han dejado ver y fotografiar. Luego novios e invitados se escondieron para poder sacar réditos económicos a unas imágenes vendidas al mejor postor. Pero, sinceramente no sé si en esa segunda parte de su boda, con poses impostadas, fueron tan felices como en la primera cuando se mostraron tal como son.

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