Corte y confección

Letizia y Rania preparan su próximo duelo de estilo en Madrid

Mariángel Alcàzar
Letizia y Rania

14 de noviembre de 2015, 11:02

La reina Letizia se ha batido en duelo de estilo varias veces y con varias contrincantes, así que su próximo encuentro con Rania de Jordania no le va a pillar desprevenida.  Los reyes de Jordania visitarán España los días 19 y 20 de noviembre y es de esperar que los encuentros entre doña Letizia y doña Rania se lleven todas las fotos.

La primera vez que cruzaron sus destinos fue precisamente el día de la boda de los Príncipes de Asturias, al que  Rania de Jordania se presentó con un impactante modelo de Givenchy compuesto de falda de seda rosa cubierta con encaje blanco a juego con su blusa camisera también de seda. Rania ganó por goleada al resto de invitadas, todas con sus trajecitos de chaqueta o vestiditos abrigo, pero no se la pudo medir con Letizia porque iba vestida de novia. A partir de ese día, a la princesa española se la quiso comparar con la reina jordana y de hecho se pueden encontrar ciertas similitudes de estilo y de físico. Existen dos teorías, la de que Rania copia a Letizia y la que sostiene que Letizia copia a Rania. En realidad las dos se miran en el mismo espejo, pero mientras la Reina, ahora y cuando era princesa, parece tomar sus propias decisiones en materia de estilo, la jordana ha seguido durante años las indicaciones de una poderosa agencia de imagen de Estados Unidos a la que contrató para crearle un perfil que se adaptara a sus deseos de lanzar al exterior la imagen de una Jordania moderna a través de ella misma.

La imagen del rey Hussein y la reina Noor era muy potente y Rania, conocedora de que su marido, el rey Abdalá, tenía menos carisma que su padre, optó por dar brillo a su papel de reina moderna en un país marcado por las tradiciones pero no tanto como sus vecinos árabes. Rania hizo muchas cosas positivas, la primera ser modelo para las mujeres jordanas que querían liberarse de los velos y las vestiduras tradicionales. Si la reina usaba pantalones y llevaba la melena al viento, qué marido o esposo lo iban a prohibir a sus mujeres o hijas. El problema es que Rania se creció en su papel y acabó convertida en una 'fashion victim' pasándose tres desiertos con el uso permanente de firmas de moda de lujo, sobre todo Prada y Louis Vuitton. Los sectores  más conservadores de su país empezaron a meterse con ella y con sus gastos en firmas de lujo y Rania, que es muy inteligente, decidió dar marcha atrás y seguir mostrando su modernidad vestida de un modo más austero.

Desde hace algunos años, coincidiendo además con el auge del integrismo islámico, la reina jordana se ha mostrado más discreta en sus apariciones públicas limitadas a foros internacionales de carácter social, evitando las fiestas, sus escapadas a la Costa Azul o a las estaciones de esquí de los Alpes. También ha dicho adiós a las prendas de vestir que pudieran ser identificadas, es decir que se notara que eran de una firma concreta: puede llevar un traje buenísimo, y por supuesto carísimo, pero no el de la última colección de Prada. Adiós a los bolsos de marca que lucía como una nueva rica y hola a vestidos tradicionales de Jordania, como los que ha usado en sus últimas apariciones dentro y fuera de su país.

La reina Noor, esposa del rey Hussein,  empezó a usar kaftanes y otras túnicas bordadas, propias de la tradición jordana, que ella modernizaba y adaptaba a su estilo, y quizá Rania para que no se la comparara con su antecesora prescindió de esas prendas que ahora, no ha tenido más remedio que recuperar para, al mismo tiempo, recuperar la empatía con la población jordana.

En lo últimos  meses, el perfil público de Rania se ha situado en un segundo plano al mismo tiempo que el de la reina Letizia se ha disparado al primero. Las dos forman parte del grupo de mujeres más famosas del mundo, al menos del mundo global, con preponderancia de Rania en Oriente y de doña Letizia, en Occidente. Habrá que ver como se presentan en público durante su encuentro en Madrid, pero hay que recordar que a doña Letizia no le gusta perder.

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