Corte y confección

"Letizia sigue siendo perfeccionista y cumplidora, como lo era cuando presentaba informativos de madrugada y también seductoramente dominante"

Letizia Ortiz
josé Jiménez

15 de septiembre de 2016, 17:01

La Reina ha cumplido 44 años, esa edad en la que uno no es ni joven ni mayor aunque con todo lo que ha vivido en los últimos trece años no se puede negar que, pase lo que pase en el futuro, de momento la suya ha sido una existencia de lo más intensa. Siguiendo la costumbre en la Zarzuela no hay celebración oficial, pues a diferencia de otras casas reales en la de España las efemérides privadas no tienen carácter público salvo en contadas ocasiones como sucedió hace cuatro años cuando la entonces princesa de Asturias cantó los 40 y aprovechó la ocasión para ofrecer una sesión de fotos tomadas en el jardín de su casa que en las que aparecía sola, con su marido y también con sus dos hijas. Cristina García Rodero, una fotógrafa especializada en retratos de carácter social y antropológico, fue la elegida para plasmar el momento en el que Letizia se convertía en una cuarentañera, versión actualizada de la cuarentona de toda la vida. La fotógrafa, famosa por sus fotos en pueblos de la España profunda, se pasó a la high class y retrató a la princesa como una madre y esposa fina y elegante pasando unos días en su casa de Sotogrande, por decir algo, sin ninguna referencia regia.

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Repasando las imágenes de la Reina desde que a los 31 se anunció su compromiso matrimonial con el príncipe Felipe hasta la fecha puede comprobarse fácilmente que es una mujer hecha a sí misma. Sus retoques faciales son evidentes, más allá de que alguno de ellos, como la rinoplastia a la que se sometió en 2008, pudiera justificarse por razones médicas, aunque ya puestos se corrigió el tabique nasal para ofrecer un perfil más suave. Que Letizia ha cambiado por fuera es una obviedad, pero ¿ha cambiado, también, por dentro?

Pues en lo básico, no. Sigue siendo perfeccionista y cumplidora, como lo era cuando presentaba informativos de madrugada y también seductoramente dominante, aunque ha perdido cierta espontaneidad y unos gramos de locura, que también tenía. En estos momentos, su máxima preocupación son sus hijas a las que, como dirían las abuelas, lleva más derechas que una vela. Nadie podrá decir que Leonor y Sofía no son unas niñas bien educadas y eso, todo el mundo lo reconoce, es mérito de su madre.

Sus 12 años en la Zarzuela le han dejado huella y ella también ha dejado la marca de su pisada en la familia real. Primero observó, luego quiso cambiarlo todo, más tarde se rebeló y últimamente se ha conformado con exigir el cumplimiento de sus principios en el ámbito privado y adaptar su papel público a su peculiar personalidad.

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