Corte y confección

Laura Matamoros debería mirarse en su tía Mar Flores

Mariángel Alcàzar
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16 de febrero de 2017, 10:36

Mientras Laura Matamoros se desespera, en plan Belén Esteban, acusando a su representante de serle infiel, con el dinero que es lo que más duele, su tía Mar Flores se da la vida padre representando el papel de novia fidelísima de ese novio meximillonario que se ha marcado que la lleva de la ceca a la meca, codeándose con millonarios y viviendo a cuerpo de reina. A lo mejor a Laurita más que perder las energías enfadándose y desenfadándose con sus genes Matamoros debería apostar por la escuela Flores, habida cuenta que las broncas no son tan rentables como esa carrera constante en pos de un retiro de oro que en su día emprendió su tía Mar. La ex mujer de Javier Merino, a pesar de los tropiezos, de unos inicios duros, y de su travesía del desierto matrimonial, se está ganado el título de catedrática en el arte de cómo pescar a un millonario, a poder ser extranjero, una materia que en España tiene muy buenas especialistas como por ejemplo Carmen Cervera, baronesa Thyssen, y Elena Ochoa, lady Foster, sin olvidar a otra señora que siempre pasa desapercibida pero que también ha hecho carrera, Silvia Gómez-Cuétara, quien tras enviudar de Luis García Cereceda, el promotor de La Finca, la urbanización de lujo de Madrid, es ahora la pareja de Juan Pérez Simón, un multimillonario mexicano, nacido en Asturias, mano derecha y socio de Carlos Slim.

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Mar Flores por fin se ha dado cuenta de que más le valía buscar un novio lejos de España, porque aquí el pasado era muy pesado en todos los sentidos. Desde que apareció en público con Elías Sacal, la vida de Mar es un no parar y es lógico porque el caballero ya que tiene novia lo que quiere es lucirla por todos los sitios; a su edad ya no está para relaciones a distancia. Mar, madre de cinco hijos, los cuatro últimos con Javier Merino y el primero con Carlos Constanza, un italiano que le dijo que era conde y ella se lo creyó, no debe tener mucho tiempo para pasar con sus pequeños habida cuenta del trajín que lleva. Bueno, no sabemos, a lo mejor sus hijos son su prioridad y aprovecha los fines de semana o cuando los niños están con su padre, para recorrer medio mundo y pasar unas horas con su novio mexicano, unas horas que le cunden como días e incluso como semanas.

En cualquier caso, conservar un buen partido como conseguir la fama cuesta y mucho. Tienes que estar perfecta todo el día y sobre todo estarlo mucho más que las novias, esposas o queridas de los amigos del novio para que a éste le crezca el ego y todo el resto de su cuerpo. Ser novia de un millonario da mucho trabajo, porque no te puedes permitir ni un fallo, ni una mala cara, ni un día en pijama, ni engordar un gramo o sumar una arruga, pero si lo sabes llevar es un plan de pensiones perfecto que te garantice una vejez de lujo cuando ya no puedas mantener el tipo. De lo contrario, te puede pasar como a Isabel Preysler que no puede jubilarse de su tarea de aparecer siempre perfecta y menos mal que parece enamorada.

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