Corte y confección

Las Campos, entre el claustro y la fobia

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29 de diciembre de 2016, 12:35

Las Campos han vuelto, aunque en realidad nunca se han ido. El docureality en el que María Teresa Campos y sus hijas, Terelu y Carmen, muestran aspectos de su vida cotidiana fuera de los estudios de televisión ha vuelto a las pantallas impulsado por los excelentes datos de audiencia de las dos primeras entregas. La novedad de esta última entrega ha sido el mayor protagonismo de Edmundo, Bigote, Arrocet para que nadie dude de su relación con María Teresa y la constatación de que Terelu ha decidido, por fin, dar rienda suelta a su vena más canalla, educada, pero canalla. Terelu no necesita ponerse fina y quitarse el acento andaluz, porque tiene mucha más gracia cuando se atreve a coger el autobús vestida como una “homeless” de luxe y se compra su propio caganer en la feria de belenes de la plaza Mayor de Madrid. Tampoco necesitaría María Teresa demostrar que está con Edmundo porque le da la gana y al que no le guste que se fastidie, pero en vez de cantar “Si nos dejan…”, podrían haber cantado “Digan lo que digan…”

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas y en esta ocasión se puede confirmar que el aforismo es cierto. Si en los dos primeros programas lo que se veía, aunque editado y preococina, podía pasar por interpretación selectiva de vida cotidiana (qué sentido tendría sino esos desayunos con vajilla de porcelana de la madre y con el vaso de Duralex de la hija), en esta ocasión la mayor parte de las escenas han sido montadas expresamente para el programa. Cómo se explica ni no la escenificación de una cena navideña en la que se anuncia una sorpresa que, finalmente, resulta ser una inocentada porque la falsa cena grabada hace algunas semanas estaba escrita para ser emitida el día de los Inocentes pero, en realidad, se vio el día 27 aunque vale, porque era casi medianoche. Más que una cena familiar parecía el programa de Fin de Año de cualquiera de los canales televisivos en el que los presentadores gritan “Feliz Año Nuevo” a las 5 de la tarde del día de la grabación que siempre es antes, lógicamente, del 31 de diciembre. Además, el anuncio de María Teresa y Edmundo de irse a vivir a Chile no puede considerarse una inocentada exactamente porque tampoco es una idea tan disparatada, es más algún día la presentadora viajará al país de su novio (aunque Edmundo nació en Argentina) y descubrirá que podría vivir allí perfectamente y seguramente mucho más tranquila.

Pero volvamos a las Campos. Gracias a la nueva entrega del programa nos hemos enterado que la madre y las hijas tienen claustrofobia pues así justificaron el agobio que sintieron durante el encendido de las luces de Navidad de Torrejón de Ardoz, ceremonia en la que ejercieron de madrinas. El acto tuvo lugar al aire libre, en una plaza repleta de gente que rodeaba a las tres, pero no sé yo sí eso es claustrofobia ya que la palabra deriva del latín claustro (lugar cerrado) y del griego fobia (miedo) y suele asociarse al pánico a quedarse encerrado en espacios pequeños, subterráneos, sin ventanas, como ascensores, túneles, cabinas de grabación o en aparatos para resonancias magnéticas. En realidad cuando uno tiene miedo a las aglomeraciones en espacios abiertos suele sufrir de agorafobia (que viene de plaza y de miedo) pero, en fin, no soy experta y cada uno es libre de sufrir de lo que quiera y donde quiera y además, ya puestos, si tienes claustrofobia porque no tener además agorafobia. Que son las Campos y tienen lo que les da la gana, faltaría más.

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